La UNESCO define un nuevo rumbo para las personas y la naturaleza

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO, presentó una nueva hoja de ruta para fortalecer la relación entre las personas y la naturaleza mediante sus Reservas de Biosfera, espacios que combinan conservación ambiental, investigación científica y desarrollo sostenible de las comunidades locales.

El anuncio se realizó durante la 38.ª sesión del Consejo Internacional de Coordinación del Programa sobre el Hombre y la Biosfera (MAB), celebrada en Paraguay, donde representantes de 34 países debatieron la implementación del nuevo plan estratégico 2026-2035.

La UNESCO destaca que sus 784 reservas de biosfera en 142 países funcionan como “laboratorios vivos”, donde las comunidades que habitan estos territorios participan activamente en la protección de la biodiversidad, en lugar de ser excluidas de ella. Estas áreas abarcan más de 7,5 millones de kilómetros cuadrados en todo el mundo.

Uno de los ejemplos presentados fue la Reserva de la Biosfera de Itaipú, que alberga cerca de 250.000 habitantes y protege parte del Bosque Atlántico del Alto Paraná, uno de los ecosistemas más biodiversos y amenazados de Sudamérica. Allí se han restaurado miles de hectáreas de bosque nativo y sembrado millones de árboles para recuperar especies y corredores ecológicos.

La iniciativa se alinea con la estrategia global de la UNESCO para enfrentar las crisis climática y de biodiversidad, promoviendo la restauración de ecosistemas, la inclusión de pueblos indígenas y comunidades locales en la gestión ambiental, y una mayor integración de estas áreas protegidas en las políticas climáticas nacionales.

Según un informe reciente de la UNESCO, los sitios designados por la organización albergan a cerca de 900 millones de personas y han demostrado ser refugios clave para la biodiversidad. Mientras las poblaciones mundiales de fauna silvestre han disminuido significativamente en las últimas décadas, muchas especies en estas áreas protegidas han mantenido niveles relativamente estables.

En esencia, la nueva visión de la UNESCO plantea que la conservación y el bienestar humano no son objetivos opuestos, sino complementarios, y que la protección de la naturaleza puede lograrse de la mano de las comunidades que viven en ella

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