Ricardo Sarasty

LA TOGA NO HACE AL JUEZ

Así como el habito no hace al monje, la toga o mazo no hace juez. Pese a que más vestimenta, simbolizan la gravedad de la profesión ejercida. Pues al usar estas prendas las personas que las portan deben de comunicar de primera mano a qué se dedican, el por qué se visten con ellas y para qué. Sin embargo, en el decir popular se acuñó el refrán que manda a poner en duda que se siempre se cumpla con lo que mandan a comprender ambas investiduras. Pues parece ser que desde siempre el hábito no representa en todos los que lo llevan la santidad ni la toga lo probidad, ya que por sobre las prendas se impone lo demostrado en su comportamiento como individuo o como miembro de la comunidad. Historias legendarias hablan en cualquier parte del mundo sobre la conducta, en nada piadosa, de monjes más ocupados en el deleite de los placeres mundanos que en la salvación de su alma junto con la de otros de sus feligreses. Así mismo sucede con relación a los jueces en los cuales la toga tampoco cumple con permitir ver en ellos ecuanimidad, respeto y devoción por la justicia, conocimiento de las leyes y sobriedad, estas últimas condiciones requerida en el momento de dictaminar la valoración de los hechos al tenor de los códigos.

En corrillos de plazas, oficinas, calles y oficinas, en cualquier tono y volumen de la voz se escuchan comentarios que aluden al comportamiento de un togado, en casi todos resaltando el derroche, la fastuosidad y la imprudencia con la que actúa, el llamado por la importancia de su cargo a ser prudente, cauto, no solo como juez sino en su condición de ciudadano. Ya daban cuenta los medios de comunicación, no muchos años atrás, de la riqueza que rodea a este y a aquel magistrado, de los lujos a los cuales accedía con facilidad para disfrutarlos pomposamente. De igual manera esos mismos medios mostraron lo que había detrás de muchos de sus fallos y no es el respeto por la justicia lo que se vio, todo lo contrario, lo evidente fue el cómo abusaron de ella sin importarles para nada el faltar al juramento que los comprometió a servirla con honradez. Por esta razón no es que se desconfié de la justicia, la incertidumbre recae sobre el actuar de los portadores de la toga, porque como ya ha quedado demostrado, a no pocos esta sagrada vestidura solo les ha servido para ocultar lo vano de su personalidad, la angurria con la que han llegado al cargo, la escasa solvencia moral que los convierte en un peligro para la sociedad en el ejercicio de sus funciones, cuando la toga comunica que son garantía de justicia.

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En la mitología griega, así como Minos, Radamantis y Éaco, son ejemplos de honorabilidad y por lo tanto nada se podía decir en contra de sus decisiones en el momento de permitir el paso hacia el cielo o negarlo, También se encuentra a Giges, la imagen primera de la corrupción y el abuso del poder otorgado por la investidura de juez. Sí, porque al servicio de la justicia no únicamente llegan los íntegros y más capaces. No, esta creencia no tiene piso firme alguno en tanto que, como se lee en el Quijote, en la parte donde para probar que tan buen gobernante podría ser Sancho le dan a resolver un dilema moral relacionado con la aplicación de una ley y lo resuelve, pero atendiendo a la astucia, actuar propio del pícaro, y no al sentido de la norma como le corresponde aun atildado juez. Por no otro motivo la sola toga no hace al juez, ni el vestirla debe ser una exigencia de respeto. ricardosarasty32@hotmail.com