La vida moderna ha provocado en las personas mayores, una creciente incidencia de enfermedades crónicas, enfermedades degenerativas y otras que apenas hace unos decenios no se veían como problemas graves. Otra complicación es la generación de ingresos que les permita cubrir todas sus necesidades, en especial de alimentación y salud.
Es también cada vez más preocupante la soledad de los ancianos, con diversas necesidades mal atendidas o hasta desatendidas. Las familias que hace tiempo eran muy unidas y convivían generacionalmente, se han ido distanciando. El concepto de familia se ha ido reduciendo a una pareja y los hijos que lleguen a tener.
Hoy los hijos deciden “hacer su vida” como solteros independientes, parejas casadas o en unión libre, y se han ido alejando de sus padres. No siempre hay descuido social de los padres mayores y ancianos pero sí son cada vez más los que quedan en soledad.
Para un matrimonio mayor que vive en soledad respecto a sus hijos, la pérdida del cónyuge es terrible. Si convivir como pareja en soledad ya era grave, la soledad absoluta es la peor. Largas horas de inactividad y de total o casi total soledad producen serios problemas de depresión, y de allí otros problemas de salud, tanto física como mental.
Así, el hogar se convierte en una cárcel de soledad, depresión y tristeza, de sentimiento de abandono. A diario historias de soledad se publican en redes sociales. Son historias de tristeza, de amargura, de falta de sentido de la vida. Eso en especial para quienes no han estado cerca de Dios, les falta ese consuelo que da la relación con el Señor.
Es necesario que la sociedad tome cartas en el asunto y atienda a los ancianos solitarios. Y la principal ayuda que pueden darles es más tiempo de acompañamiento. Lo ideal es que esas personas jóvenes y de mediana edad vuelvan a hacer hogar con sus padres, que convivan con ellos y no se conformen con visitarlos de vez en cuando y preguntarles qué necesitan.
Los padres mayores y ancianos pueden aportar mucho a las familias de sus hijos, ya no digamos en labores propios de la casa, sino en la sabiduría que dan los años, y que ayuda a los hijos a entender mejor la vida y lo que pasa en el mundo, como al cuidado y educación sabia de los nietos. El cariño que un niño recibe de sus abuelos es insustituible, por eso los niños que están cerca de sus abuelos son más felices. Para muchos pequeños, tener cerca a sus abuelos es cuestión de alegría y hasta de orgullo.



