Una histórica secuoya gigante ubicada en el centro de Vitoria-Gasteiz, España, se ha convertido en un poderoso símbolo de esperanza, resiliencia y recuerdo para la comunidad, pese a haber muerto hace más de una década. El emblemático árbol, considerado durante años uno de los ejemplares más impresionantes de la ciudad, continúa en pie y forma parte de un espacio dedicado a la memoria colectiva.
La secuoya fue plantada alrededor de 1860 por Juan Ibarrondo, quien llevó el ejemplar desde Bruselas. Con el paso del tiempo alcanzó entre 40 y 42 metros de altura y más de ocho metros de perímetro en su tronco, convirtiéndose en un referente natural de la ciudad. En 1995 fue declarada árbol singular por las autoridades vascas debido a su importancia histórica y ambiental.
Sin embargo, en 2014 se confirmó que el árbol había muerto a causa del hongo Armillaria mellea, que dañó gravemente sus raíces e impidió la absorción de agua y nutrientes. A pesar de ello, las autoridades decidieron conservar el enorme tronco seco por su valor simbólico y patrimonial.
Tras la pandemia de COVID-19, el lugar fue transformado en un memorial. El antiguo Parque de la Secuoya pasó a llamarse Sempervirens Parkea o “Parque Siempreverde”, donde la secuoya muerta representa la memoria de quienes ya no están, mientras que una nueva secuoya joven fue plantada a su lado como símbolo de continuidad, vida y futuro.
La historia de este árbol demuestra cómo un elemento natural puede trascender su existencia biológica para convertirse en un referente cultural y emocional, recordando a las nuevas generaciones la importancia de la memoria, la naturaleza y la capacidad de renacer incluso después de las pérdidas más difíciles.




