El Valle del Cauca se perfila como un laboratorio donde tradición agrícola, ciencia y tecnología convergen para transformar la producción y abrir paso a negocios globales. La caña de azúcar, cultivo emblemático de la región, hoy incorpora radares, algoritmos y sistemas de agricultura de precisión que permiten medir humedad, anticipar enfermedades y optimizar el uso de agua y fertilizantes. Cenicaña, junto con el ICA, ha reforzado la vigilancia fitosanitaria y el diagnóstico, mostrando cómo un sector centenario se adapta a los retos del cambio climático.
En paralelo, proyectos como el de la Alianza de Bioversity International y el CIAT en Palmira exploran el secuestro de carbono en suelos mediante inteligencia artificial y rotaciones de cultivos. Los hallazgos revelan aumentos de carbono orgánico en los primeros centímetros del suelo, lo que abre la posibilidad de capturar más carbono sin sacrificar productividad. Este tipo de investigaciones posiciona al Valle como un polo agroalimentario y agroindustrial con proyección continental.
Para expertos como Vivian Argueta, de la Cámara de Comercio de Cali, la clave está en especializarse en áreas estratégicas como FoodTech, HealthTech y Bioenergía, mientras que Jeimar Tapasco, del CIAT, advierte sobre la necesidad de ampliar la adopción de tecnologías digitales entre pequeños y medianos productores. La articulación entre universidades, centros de investigación, compañías y startups será decisiva para que el Valle del Cauca consolide su papel como un territorio donde ciencia y emprendimiento juegan en la misma liga.
El ecosistema emprendedor también vive un auge. El número de startups pasó de 104 en 2023 a 266 en 2026, un crecimiento del 156 %. Cali escaló 65 posiciones en el ranking global de StartupBlink, alcanzando el puesto 212 y registrando la mayor tasa de crecimiento entre las ciudades latinoamericanas del top 300. Este dinamismo refleja la capacidad de la región para convertir conocimiento en empresas escalables y competitivas.



