La frase la pronunció el general Benjamín Herrera, de quien exaltan sus biógrafos las dotes para el combate que lo hicieron destacarse como aguerrido militar al frente de los combatientes liberales durante la guerra de los mil días. Pero el nombre de este colombiano no está ligado únicamente a las batallas en una de las tantas guerras civiles que en este país se han librado, en tanto que una vez pactada la paz entre los bandos en contienda pasó de combatir con las armas a sus contradictores a buscar vencerlos en las urnas, por lo que fue candidato a la presidencia por el partido liberal durante las elecciones ganadas por conservador Pedro Nel Ospina. De Herrera afirmó el expresidente Eduardo Santos que debe destacarse entre sus valores como patriota, más que su valentía para defender los ideales del partido durante la guerra, su entereza como hombre de paz en los cuando la república le requirió trabajar para todos los colombianos. Tal como sucedió durante el gobierno conservador del presidente Concha, a quien le correspondió enfrentar la crisis económica generada por la primera Guerra mundial. Fue entonces cuando es patriota dispuso todo su animo en pro de fortalecer la nación haciendo a un lado toda ambición, más allá de los intereses del partido y los particulares. Actitud que le llevó a expresar la frase que ahora deberían recordar todos los políticos y más todavía, hacer de ella la divisa que mueva su trabajo, si es que de verdad trabajan por y para el pueblo
Es que al evaluar lo hecho hasta el momento en el órgano legislativo mayor por nuestros senadores y representantes es tan insignificante su presencia que bien vale preguntarles, a esta altura del periodo para el que fueron elegidos ¿dónde estuvieron? Y si ocuparon sus curules entonces ¿cuál fue su desempeño mientras estuvieron ahí? Pues los electores suponen que, si como candidatos buscaron ganar el voto de sus electores en la región, comprometiéndose a sacar adelante todo plan, proyecto y programa tendiente a mejorar el bienestar de los que habitan en ella, prometieron hacerlo anteponiendo la patria al provecho personal y de los partidos, movimientos y sectas que los avalan. A los cuales, si bien les deben lealtad y respeto por sus doctrinas solo que, a la manera del General Benjamín Herrera, están obligados por asuntos de simple moral a obedecer a la conciencia que les reclama no olvidar los motivos por los cuales ganaron y el para qué fue que pidieron ser elegidos. Recordar así sea mientras están en el recinto del congreso que están ahí para pensar en los problemas que afectan a todos los habitantes de la comunidad de donde proceden y no únicamente en el interés sesgado de los sectores y gremios afines a sus banderas ideológicas y negocios. Tal y como se ha visto que han actuado todos estos congresistas en obediencia a veces a una disciplina para perros, impuesta por la dirigencia de su partidos, movimientos y sectas o quizá como pago posterior al aval que recibieron para poder inscribirse y participar en las elecciones.
Dirá ahora más de uno que le correspondió estar en la oposición y por ello no pudo ni podrá hacer nada más que sumarse a los que de manera mezquina se convirtieron en los palos atravesados sobre las carreteras para evitar que el gobierno avance en el desarrollo de sus planes, proyectos y programas. De ser así, pobre criterio el que rige sus conductas como líderes, enceguecidos o por el dogma o la angurria. Sin la firmeza del verdadero jefe político para quien el interés general supera al privado y al egocentrismo, convencido como el patriota Benjamín Herrera, pensando más como nación, con grandeza de corazón y cerebro.

