Detrás de los riffs potentes y la energía de Diamante Eléctrico hay una historia de resiliencia, arte y redención. Daniel Álvarez, guitarrista y cofundador de la banda bogotana, cuenta cómo la música se convirtió en su refugio y su manera de transformar los momentos más difíciles en melodías que hoy conquistan escenarios internacionales.
Un comienzo entre caos y guitarras
Antes de los premios y las giras, Daniel atravesó etapas de incertidumbre personal y emocional. En una entrevista reciente, confesó que fue la música la que le dio sentido a su vida:
“La música me salvó. Fue la única constante cuando todo lo demás se caía”, afirma con la serenidad de quien encontró su propósito.
Nace Diamante Eléctrico
Junto a Juan Galeano, fundó la banda en 2012. Desde entonces, el grupo se ha convertido en uno de los proyectos más sólidos del rock latinoamericano, con una mezcla de rock, soul y funk que les ha valido tres premios Grammy Latinos y el reconocimiento de artistas como Foo Fighters y The Raconteurs.
Entre Bogotá y el mundo
Daniel recuerda que su inspiración sigue estando en las calles de Bogotá, pero su visión es universal. Han tocado en escenarios de Estados Unidos, México y Europa, y siguen evolucionando sin perder la esencia que los caracteriza.
“La banda ha crecido, pero lo más importante es que seguimos tocando con la misma pasión del primer ensayo”.
Un mensaje de esperanza
Para Daniel, la música no solo es un trabajo, sino un acto de sanación. Hoy comparte su historia para inspirar a quienes atraviesan crisis personales o creativas:
“No hay nada más poderoso que hacer de tu dolor algo que pueda conectar con los demás. Eso es lo que intento cada vez que agarro la guitarra”.

