La misión Artemis II de la NASA podría permitir que astronautas observen directamente zonas de la Luna que ningún ser humano ha visto con sus propios ojos. Aunque la misión no aterrizará en el satélite, realizará un sobrevuelo que ofrecerá nuevas perspectivas de su superficie.
A diferencia de las misiones del programa Apolo, que orbitaban a baja altitud, la nave Orion volará a una distancia mucho mayor, entre 6.400 y 9.660 kilómetros sobre la superficie lunar. Esta trayectoria permitirá a los astronautas contemplar gran parte del disco lunar al mismo tiempo y observar regiones cercanas a los polos que antes no podían verse desde misiones tripuladas.
Además, el momento del vuelo podría coincidir con condiciones de iluminación favorables. Si el Sol ilumina determinadas zonas del lado oculto durante el paso de la nave, la tripulación podría observar directamente hasta un 60% de esa cara de la Luna, algo que hasta ahora solo se ha visto mediante imágenes de sondas robóticas.
Entre los lugares que podrían ser visibles se encuentra Mare Orientale, una enorme cuenca de impacto situada cerca del borde del lado oculto. También podría observarse la cuenca South Pole-Aitken, uno de los cráteres de impacto más grandes del sistema solar, con unos 2.500 kilómetros de diámetro y hasta 12 kilómetros de profundidad.
Aunque el objetivo principal de Artemis II es probar la nave y los sistemas con tripulación en el espacio profundo, la misión también marcará el inicio de una nueva etapa de exploración lunar y servirá como preparación para futuras misiones que sí aterrizarán en la superficie del satélite.




