“La mies es mucha, pero los obreros pocos” (Lucas 10:2). Esa no es solo una realidad antigua, es el diagnóstico de muchas iglesias hoy.Hay templos llenos, pero manos vacías. Hay sillas ocupadas, pero corazones desentendidos. Mientras unos pocos se desgastan sirviendo, cargando, sosteniendo, otros simplemente observan. Pueden hacerlo, tienen tiempo, dones, oportunidades, pero no les nace. Y esa apatía también es una forma de respuesta a Dios.La falta de siervos no es un problema logístico, es un problema espiritual. Porque servir no es cuestión de agenda, es cuestión de entrega. Cuando el corazón arde por Cristo, el servicio no pesa, se vuelve inevitable.¿Hasta cuándo los mismos de siempre tendrán que hacer el trabajo de todos? ¿Hasta cuándo la iglesia funcionará con obreros cansados y espectadores cómodos?Jesús no dijo “critiquen la escasez”, dijo: “rueguen al Señor de la mies que envíe obreros”. Es tiempo de volver a las rodillas. De clamar por una generación que no solo asista, sino que se levante a servir con pasión, fidelidad y compromiso.Pero cuidado: cuando oras por obreros, Dios puede empezar contigo.❤️🔥




