La mataron en su casa

Edilma Valencia estaba en su casa en el sector de los Chancos, descansando en esa mecedora que tanto la reconfortaba en los días difíciles. A sus 40 años, el tinto en su mano izquierda era indispensable, incluso en las horas de la noche. Esa rutina, tan propia y tan íntima, le daba calma. Por eso le resultó extraño escuchar que tocaban a su puerta a esa hora, y aún más raro fue percibir cómo la abrieron sin que ella se levantara de su asiento.

Dos explosiones retumbaron dentro de la vivienda, acompañadas de destellos que iluminaron la penumbra. Apenas segundos después, dos personas salieron por la entrada principal. Sus rostros estaban ocultos, subieron apresuradamente a una moto de dos tiempos sin placas y huyeron despavoridos del lugar. No tardaron en escucharse los gritos, el murmullo de los vecinos y las llamadas urgentes a las autoridades.

La policía llegó con relativa prontitud. Las luces azules y rojas bañaban las paredes del vecindario, mientras la entrada de la casa quedaba acordonada con cintas amarillas custodiadas por uniformados. Dentro, la escena era desgarradora: un cuerpo yacía con siete disparos, bajo sus pies un charco carmesí de su propia sangre, y en su rostro un gesto congelado, un grito que quedó cortado para siempre. Ese día, Edilma Valencia murió a sus 40 años, víctima de un ataque sicarial perpetrado en el lugar que debía ser su refugio.

Las autoridades iniciaron de inmediato el procedimiento de rigor. Se recogieron casquillos de munición calibre 9 mm, se tomaron fotografías del lugar, se revisaron cámaras de seguridad cercanas y se entrevistó a testigos. Poco después, personal de Medicina Legal llegó para levantar el cuerpo y realizar la respectiva necropsia, pieza clave en la investigación.

El hecho no solo estremeció a la familia de Edilma, sino también a toda la comunidad. Vecinos consternados se agolparon en las calles, algunos con lágrimas, otros con indignación. La brutalidad del ataque —dispararle siete veces a una mujer indefensa— dejó una huella de miedo y rabia. Más allá del crimen mismo, lo que más impactó fue la irrupción en un espacio íntimo y seguro como su hogar, un lugar donde nadie espera ser atacado.

Las autoridades han reportado que se han iniciado las investigaciones para esclarecer el caso. Se busca establecer la identidad de los responsables, el móvil del crimen y las posibles conexiones con estructuras delictivas que operan en la región. Mientras tanto, la comunidad exige respuestas y mayor seguridad, pues sienten que la violencia ha tocado la puerta de sus casas.

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