La mala hora para nuestra costa pacífica de Nariño no se detiene y al contrario se incrementa con el transcurrir de los días en medio de la desidia de los gobiernos departamental y Nacional, a los que parece no importarles los tremendos sufrimientos que afrontan los moradores de esta importante zona de nuestro departamento.
Hace algunos días decíamos que, a pesar de la firma del Acuerdo de Paz entre el Gobierno Nacional y la entonces guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Farc, hoy convertida en un movimiento político, esa paz nunca ha llegado a nuestra costa.
La triste, lamentable y dolorosa realidad es que nuestra costa pacífica, paradójicamente escenario de encantadoras bellezas naturales, a su vez alberga una violencia atroz y despiadada, que no es de ahora, sino de muchos años atrás.
«La mala hora para nuestra costa pacífica de Nariño no se detiene y al contrario se incrementa con el transcurrir de los días en medio de la desidia de los gobiernos departamental y Nacional, a los que parece no importarles los tremendos sufrimientos que afrontan los moradores de esta importante zona de nuestro departamento».
Primero la guerrilla de las ya citadas Farc, luego el Ejército de Liberación Nacional Eln, después las Autodefensas Unidas de Colombia AUC, un terrible flagelo derivado del accionar de los grupos guerrilleros, las temibles organizaciones del narcotráfico y la delincuencia común han hecho de nuestra costa un infierno, donde es constante el peligro de muerte, en medio de toda clase de episodios de violencia que con diversos responsables azotan sin cesar nuestra costa pacífica, comenzando por Tumaco.
Precisamente en las últimas horas, la zona rural del puerto, concretamente el corregimiento de Llorente, que siempre ha sido un referente de la anómala situación a la que nos estamos refiriendo, volvió a ser territorio de guerra por los combates entre disidencias de las guerrillas y organizaciones que se dedican al narcotráfico.
Al final de los enfrentamientos, quedaron tendidos en la zona 8 cadáveres, lo que indica la gravedad de una situación, a la que, en nuestro concepto, no se le está prestando la atención que se requiere.
Aparte de esto, pero también como consecuencia directa de esos combates por parte de grupos al margen de la ley, se continúa con la delicada problemática de los miles de desplazados en la región del Telembí. En ese sentido, produce verdadera rabia saber de acuerdo con los informes entregados por Médicos sin Fronteras, que miles de hombres, mujeres y en especial niños, carecen en estos momentos de alimentos, agua y albergue, puesto que de manera intempestiva tuvieron que salir huyendo para salvar sus vidas a consecuencia de los enfrentamientos entre los grupos armados ilegales.
Ante esto nos sentimos bastante alarmados, puesto que tenemos la impresión que nuestra hermosa costa pacífica ya no nos pertenece, puesto que se encuentra en poder de los gestores de la violencia.
Ojalá quisiéramos pecar de exagerados, pero que otra cosa podemos pensar al ver todo lo que está pasando en esa región, donde las organizaciones ilegales hacen y deshacen en detrimento de una sufrida población.
Estos ocho muertos que dejaron como saldo los más recientes enfrentamientos entre quienes se pelean de manera sangrienta territorio para el narcotráfico, causa directa de la mayoría de los males que agobian a nuestra costa y los enormes desplazamientos que estos combates están ocasionando deben mover a los gobiernos departamental y nacional a actuar con firmeza en contra de los violentos.
Nos parece que ya las palabras y los ofrecimientos sobran y lo que se debe hacer es arrebatarles a los narcotraficantes el dominio que en estos momentos ostentan de un vasto sector de nuestra costa.
No es posible que una situación de tan extrema gravedad se siga permitiendo por parte de nuestras autoridades.

