LA LLUVIA NOS PREOCUPA

La temporada de lluvias vuelve a golpear con fuerza a Pasto y a todo el departamento de Nariño. Durante varios días, las lluvias han caído sin tregua, saturando suelos, desbordando quebradas y poniendo en evidencia, una vez más, la alta vulnerabilidad de muchos territorios. El reciente derrumbe de una vivienda en el que una adulta mayor estuvo a punto de perder la vida no son hechos aislados ni simples “accidentes”: son señales claras de alerta que no pueden seguir siendo ignoradas, puesto que nuestras autoridades climatológicas, nos advierten que estamos entrando en una fase de fuertes precipitaciones por lo que es necesario adoptar las prevenciones que sean del caso.

Nariño conoce bien las consecuencias de la temporada de lluvias. La historia reciente está marcada por tragedias provocadas por deslizamientos, inundaciones y colapsos estructurales que han dejado víctimas fatales, familias damnificadas y comunidades enteras en duelo. Pasto, en particular, ya ha sufrido inundaciones en varios sectores, afectando viviendas, vías y comercios, mientras muchas familias ven cómo el agua se convierte en una amenaza diaria. En ese sentido, estamos hablando de zonas tradicionalmente vulnerables a las lluvias, en el departamento de Nariño, como es el caso de nuestros municipios de la costa Pacífica, que año tras año sufren los embates del exceso de agua.

Frente a este panorama, resulta inevitable hacer un llamado firme y directo a las alcaldías de los diferentes municipios del departamento. No basta con reaccionar cuando ocurre la emergencia. Es urgente que los gobiernos locales pongan en marcha, de manera inmediata y efectiva, los planes de emergencia y contingencia que existen sobre el papel, pero que muchas veces no se traducen en acciones visibles para la ciudadanía. Se trata de un llamado perentorio, puesto que muchas veces hemos visto, como la desidia y falta de responsabilidad, en lo que tiene  que ver con las medidas de prevención, han sido la causa de lamentables episodios.

La prevención salva vidas. La identificación de zonas de alto riesgo, la evacuación oportuna de familias vulnerables, el mantenimiento de canales y sistemas de drenaje, así como la articulación con organismos de socorro, no pueden seguir postergándose. Cada día de demora aumenta el riesgo de que una nueva tragedia engrose la lista de hechos  dolorosos que Nariño ya ha vivido en el pasado.

Pero la responsabilidad no recae únicamente en las autoridades. La comunidad también cumple un papel fundamental. Atender las recomendaciones de los organismos oficiales, acatar las alertas tempranas y evitar acciones que pongan en peligro la vida —como permanecer en viviendas en riesgo o cruzar zonas inundadas— es un acto de responsabilidad colectiva. La experiencia ha demostrado que ignorar las advertencias puede tener consecuencias irreversibles. Este es un punto importante, puesto que muchas veces hemos visto en nuestro departamento, como la misma gente, se muestra reacia a acatar las recomendaciones de las autoridades, con resultados fatales. 

La ola invernal no distingue estratos ni municipios, y su impacto puede ser devastador si no se actúa a tiempo. Hoy, cuando las lluvias continúan y el riesgo persiste, Pasto y Nariño necesitan más que mensajes de solidaridad: requieren decisiones firmes, coordinación institucional y conciencia ciudadana.

Que el derrumbe de una casa y el casi trágico destino de una adulta mayor no se conviertan en una estadística más. Que sirvan, por el contrario, como un llamado urgente a la acción. La lluvia no avisa dos veces, y Nariño no puede darse el lujo de volver a lamentar lo que pudo haberse evitado.

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