El estudio recoge cómo más del 30% de la Generación Z reconoce procrastinar sus objetivos y evitar tomar decisiones relacionadas con ellos. Un comportamiento recurrente que se produce, al menos, «entre dos y tres veces por semana», y que es «tres veces» el de los baby boomers.

Cada día está marcado por micro elecciones, desde elegir que ponerse en la mañana hasta decidir por qué camino ir al trabajo, correos que hay que responder, qué cenar o qué serie ver en la noche, una persona está tomando a diario la cifra de 35.000 decisiones diarias. Y aunque la mayoría son automáticas. Otras, aparentemente menores, dejan agotamiento. La acumulación de estas decisiones, tiene un impacto mayor de lo que parece, ya que no sólo genera estrés, sino que también hace difícil que muchas personas avancen en sus objetivos personales.

Según un estudio de la plataforma de clases particulares Preply, el 84% de las personas experimenta fatiga decisional, un desgaste mental que aparece tras tomar demasiadas decisiones a lo largo del día. Este fenómeno afecta especialmente a los jóvenes de la Generación Z (18–24), quienes reportan niveles más altos de agotamiento mental y una mayor tendencia a posponer decisiones importantes. Estos jóvenes afirman sentir estrés o fatiga mental 11 veces al mes, un 38 % más que los baby boomers (+55). Los expertos consideran que, al estar inmersos en la hiperconectividad y expuestos a un sinfín de opciones, los jóvenes viven atrapados en un “paradigma de la elección”: a mayor número de alternativas, mayor insatisfacción experimentan.
De hecho, más del 30% de los jóvenes reconoce que evita o retrasa decisiones relacionadas con sus objetivos personales, como estudiar, hacer ejercicio o aprender algo nuevo. Este comportamiento se repite varias veces a la semana y triplica el de generaciones mayores, evidenciando un bloqueo que va más allá de la simple falta de motivación.
Paradójicamente, aquello que debería impulsar el crecimiento personal, tal como aprender un idioma o desarrollar nuevos hábitos, puede convertirse en una fuente de estrés. El estudio muestra que las decisiones vinculadas al progreso personal están entre las que más tensión causan en los jóvenes.

Rutinas para reducir el estrés y fatiga
Uno de los hallazgos más claros del estudio es el papel de la organización como herramienta para aliviar la carga mental. Más del 31% de los jóvenes afirma que contar con una rutina establecida les ayuda a reducir la fatiga decisional.
Además, existen otras estrategias que contribuyen a disminuir este desgaste, como tomar descansos (42%), establecer prioridades claras (31%), hacer ejercicio (30%), delegar decisiones (18%) o utilizar listas de tareas (17%).
En este contexto, los hábitos estructurados cobran especial relevancia. Actividades como el aprendizaje de un idioma a través de clases programadas permiten reducir el número de decisiones diarias, evitando tener que decidir constantemente cuándo empezar o cómo organizarse, y facilitando la constancia en el tiempo.
“Reducir el número de decisiones cotidianas es una forma directa de combatir la fatiga decisional. Cuando una actividad ya está planificada, es más fácil mantener el hábito sin depender de la motivación del momento”, explica Yolanda del Peso, portavoz de Preply.


