Por Redacción Salud
Tras una cirugía estética, especialmente una abdominoplastia, una de las recomendaciones médicas más frecuentes es el uso de la faja posquirúrgica. Sin embargo, alrededor de esta prenda existen numerosos mitos que pueden afectar la recuperación de los pacientes e incluso poner en riesgo los resultados de la intervención.
Para aclarar las dudas más comunes, consultamos al médico cirujano Diego Ortiz, quien explica por qué la faja no debe verse como un simple accesorio, sino como una parte fundamental del proceso de recuperación.
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Mito 1: La faja sirve para adelgazar más rápido
Falso.
Uno de los errores más frecuentes es creer que una faja extremadamente ajustada ayudará a perder peso o a obtener una cintura más pequeña en menos tiempo.
«Las fajas no queman grasa ni reemplazan una alimentación saludable. Su función principal es brindar soporte a los tejidos intervenidos, controlar la inflamación y favorecer una recuperación adecuada», explica el doctor Ortiz.
Mito 2: Entre más apretada, mejores resultados
Falso.
Muchas personas piensan que soportar más presión significa obtener una mejor figura. Sin embargo, una compresión excesiva puede generar problemas circulatorios, molestias respiratorias e incluso afectar el proceso de cicatrización.
Según el especialista, la faja debe ejercer una compresión controlada y cómoda, siempre bajo las indicaciones del cirujano tratante.
Verdad 1: La faja hace parte del tratamiento
Verdadero.
Después de procedimientos como la abdominoplastia, la liposucción o algunos procedimientos reconstructivos, la faja forma parte integral del tratamiento posoperatorio.
Su uso ayuda a disminuir la inflamación, reduce la acumulación de líquidos y brinda soporte a los tejidos mientras cicatrizan.
«Cuando indicamos una faja, no es un complemento opcional. Es una herramienta terapéutica que contribuye al proceso de recuperación», señala Ortiz.
Mito 3: Se puede dejar de usar cuando desaparece el dolor
Falso.
La ausencia de dolor no significa que los tejidos hayan completado su recuperación.
Cada paciente tiene tiempos diferentes de cicatrización, por lo que suspender el uso de la faja antes de tiempo puede interferir con los resultados esperados.
Verdad 2: Cada cirugía requiere una faja diferente
Verdadero.
No todas las fajas son iguales ni cumplen la misma función.
El tipo de prenda, el nivel de compresión y el tiempo de uso dependen del procedimiento realizado, las características del paciente y la evolución de la recuperación.
Por esta razón, los especialistas recomiendan evitar comprar fajas por recomendación de terceros o por información encontrada en redes sociales.
El riesgo de seguir consejos de internet
El auge de las redes sociales ha multiplicado la circulación de recomendaciones sin respaldo médico sobre el manejo posoperatorio.
Desde dormir con varias fajas al mismo tiempo hasta utilizar tallas extremadamente pequeñas para «marcar más la cintura», muchas de estas prácticas pueden resultar contraproducentes.
Los especialistas coinciden en que el éxito de una cirugía no depende únicamente del procedimiento realizado en el quirófano, sino también del cumplimiento de las indicaciones durante la recuperación.
Una herramienta para sanar
Para el doctor Diego Ortiz, entender la función real de la faja es fundamental para evitar complicaciones.
«La recuperación comienza cuando termina la cirugía. Seguir las recomendaciones médicas, asistir a los controles y utilizar correctamente la faja puede marcar una gran diferencia en el resultado final», concluye.
Por eso, si está próximo a someterse a una cirugía o conoce a alguien que se encuentra en recuperación, vale la pena informarse y dejar de lado los mitos. En el proceso posoperatorio, la faja no está diseñada para transformar el cuerpo por sí sola: su verdadera función es ayudar a que el organismo sane de forma segura y adecuada.



