
El sector cafetero colombiano enfrenta una alarmante contracción del 28% en su producción durante lo que va de 2026, una drástica caída provocada por la hostilidad climática y la violenta arremetida de las estructuras armadas ilegales. Las disidencias comandadas por alias «Calarcá» se han convertido en la nueva plaga de los productores en regiones clave como el Huila, implementando un régimen delictivo que impone cobros extorsivos por cada planta sembrada, una situación que asfixia la economía de las comunidades rurales y frena en seco el desarrollo agrícola.
Este sombrío panorama contrasta con el balance histórico de 2025, periodo en el que el grano se consolidó como el principal producto de exportación del país por encima de los combustibles, registrando una cosecha de 14,8 millones de sacos que generó ingresos por 5.400 millones de dólares.
El recrudecimiento de la inseguridad y las anomalías meteorológicas actuales amenazan de forma directa el sustento y la estabilidad financiera de más de 540.000 familias caficultoras que pasaron de percibir utilidades récord a padecer el control territorial de la criminalidad.




