Sí. La fatiga tecnológica puede entenderse como una forma de agotamiento asociada al uso intensivo y continuo de dispositivos, plataformas digitales y comunicaciones laborales. No es simplemente “estar cansado del celular”: puede combinar sobrecarga de información, interrupciones constantes, presión por responder, dificultad para desconectarse y pérdida de límites entre trabajo y vida personal.
Sus efectos pueden aparecer en dos dimensiones:
- Salud mental: estrés, irritabilidad, dificultades de concentración, alteraciones del sueño y sensación persistente de agotamiento.
- Economía y trabajo: menor productividad, errores, absentismo, rotación de personal y mayores costos relacionados con problemas de salud.
- Vida cotidiana: menor capacidad para descansar realmente, atención fragmentada y sensación de estar permanentemente conectado.
El término “epidemia silenciosa” es una metáfora, no un diagnóstico médico. Para hablar rigurosamente de un problema de salud pública habría que distinguir entre el uso problemático de la tecnología, el estrés laboral, el burnout y otros trastornos de salud mental que pueden tener causas múltiples.


