Por Ricaurte Losada Valderrama
Antes expresé que la democracia no es una forma de gobierno perfecta, porque nada hay perfecto en el ser humano, pero que es, hasta ahora, la mejor, producto del largo proceso de liberación de los humanos de los propios seres humanos.
Recordé que de la democracia dependen prácticamente todos los aspectos esenciales de la vida humana y que, por ejemplo, la búsqueda de la dignidad, es vital para los seres humanos, porque de la manera como ella se reconoce, se configura el reconocimiento de los demás derechos que dependen esencialmente de la democracia.
Afirmé que la libertad, así sea restringida, de acuerdo a las posibilidades y desarrollos que ella misma brinda a cada cual y en general, los derechos humanos que lo cubren todo, porque nada hay en el ser humano que no tenga que ver con ellos, dependen de la democracia.
Dije que como las anteriores consideraciones son así y, muchas otras, expresé que, en esta coyuntura, lo primero era cuidarla, protegerla y asegurar su preservación porque lo demás, de manera esencial, depende de ella.
Advertí que hay muchos otros factores importantes, que en otras circunstancias primarían frente al fundamental de esta hora de asegurar la preservación de la democracia.
Expresé que es inquietante la posibilidad de detener, por ejemplo, la compra de tierras para continuar haciendo la tan aplazada e indispensable reforma agraria, o la continuación de conquistas sociales que lastimosamente en el gobierno Petro fueron mínimas, debido al desastre de su Gobierno.
Advertí que lo que hipotéticamente pudiera seguirse avanzando en estas materias y en otras, resultan propósitos secundarios frente a la necesidad de mantener la democracia y de no exponer al país, incluso a una dictadura.
Expresé que los riesgos no eran ningún invento, sino una realidad viviente y palpable, recordando que Petro, desde el comienzo de su Gobierno buscó desconocer la institucionalidad y que su proyecto de paz total es un fracaso total.
Recordé que lo afirmaba, no solo por haber votado y hecho campaña por él, sino por haber realizado el primer foro que sobre este proyecto se hizo en el país y, que incluso, hice la dirección académica del libro, La Paz Total -Un Imposible Transitorio.
Terminé diciendo que bastaban las anteriores consideraciones para entender por qué se generó dolor de patria, al haber no solo desperdiciado la primera oportunidad real en nuestra historia republicana para realizar algunos de los cambios profundos que reclama la Nación y, no solo eso, sino lo que es también lastimoso: el inmenso desafío y el dolor que produjo su Gobierno, convertido de manera descarada en el coordinador de la campaña de Cepeda.
Manifesté que sobraban más razones para colocar, por encima de cualesquiera otras consideraciones, la necesidad imperiosa de resguardar la democracia, pues lo que estaba en juego no era solo la democracia, sino el futuro del país, de pronto por mucho tiempo.
Por ello, invité a votar y le hice campaña a la fórmula de Abelardo de la Espriella y José Manuel
Restrepo.
Entonces, con lo vergonzoso que ha sucedido de parte de Petro, su candidato y su Gobierno, he tenido la razón, pues por fin se ha aceptado el triunfo del presidente electo y la entrega del poder.




