Idea central del artículo
En muchas organizaciones se ha vuelto normal escuchar frases como “lo necesito para hoy”. Esto se refleja en correos marcados como urgentes, reuniones improvisadas y mensajes que exigen respuesta inmediata. Según la autora, esta dinámica crea una cultura laboral basada en la urgencia constante.
El problema es que cuando todo se considera urgente, en realidad nada lo es, porque las personas y las empresas pierden la capacidad de priorizar lo realmente importante.
Efectos de vivir en “modo urgencia”
La columna explica varias consecuencias negativas:
1. Menor capacidad de pensar bien
Trabajar bajo presión constante activa el sistema de estrés del cuerpo y aumenta el cortisol, lo que afecta funciones cognitivas como la memoria, la creatividad y la toma de decisiones.
2. Desgaste emocional (burnout)
La urgencia permanente genera agotamiento laboral y hace que las personas sientan que nunca tienen control sobre su trabajo.
3. Pérdida de enfoque estratégico
Las empresas empiezan a reaccionar solo a lo inmediato y dejan de pensar en el futuro.
4. Estrés que se contagia en el equipo
Si los líderes trabajan siempre en emergencia, el resto del equipo adopta el mismo comportamiento.
Otro problema: glorificar al “apagafuegos”
El texto también critica que algunas empresas admiren al empleado que siempre está corriendo, contestando mensajes a cualquier hora o resolviendo crisis. En realidad, eso muchas veces refleja mala organización o mala planificación, no productividad real.
Idea final de la autora
Cambiar esta cultura no significa trabajar más lento, sino aprender a diferenciar entre lo urgente y lo importante, para evitar el estrés permanente y mejorar la calidad de las decisiones.
✅ En resumen:
La columna advierte que la cultura de “todo es urgente” reduce la productividad, aumenta el estrés y debilita la capacidad estratégica de las organizaciones.

