LA CRUELDAD TIENE NOMBRE

Por: Ricardo Sarasty

El marqués de Sade escribió durante el tiempo que estuvo preso en La Vastilla una de sus novelas más celebres, Los 120 Días De Sodoma. Novela en la que reproduce la imagen decadente de la aristocracia francesa del siglo XVIII, que luego sería expulsada del poder por los revolucionarios de la ilustración fundadores de la república moderna. En esta obra retrata el marqués a cuatro personajes que encarnan los pilares de la institucionalidad de la para entonces monarquía francesa: la justicia, el poder económico, la realeza y el poder eclesiástico. Los cuatro encarnados en sendos ancianos libertinos, tan ricosí que antes de que los alcanzaran los revolucionarios para ponerlos a rendir cuentas por todo cuanto habían aprovechado del poder lograron huir, no sin antes ponerse de acuerdo para fundar lo que llamaron la escuela del placer. Un sórdido lugar para el que reclutaron, con ayuda de alcahuetes serviles, a 18 jóvenes y señoritas para someterlas y someterlos a todo tipo de vejámenes que pudo ocurrírseles para satisfacer las más oscuras perversiones, siendo cada uno de ellos un insuperable ejemplar de depravación.

En 1967 Pier Paolo Passolini lleva al cine una versión de la novela del Sade con el nombre de Salo o los 120 Días De Sodoma. En ella el cineista italiano retoma la imagen del autócrata decadente representado en 4 decrépitos y corrompidos oligarcas investidos con las dignidades de juez, banquero, ministro y clérigo de la república de Salo. Cuatro encumbrados hombres de la sociedad que entre 1944 y 45 actuaron en el nombre del fascismo, puesto que para entonces es la ideología dominante por lo que disfrutan de todas las ventajas para cometer todos los excesos permitidos por la doctrina dominante a sus practicantes, en los lugares donde la esvástica es el sagrado símbolo portado por los mismos que acudieron al principio del autoritarismo para hacerse al poder y como poder cometer cualquier tipo de abusos en nombre de la seguridad y defensa de la nación. Como en la novela de Sade, estos cuatro chupadores de sangre que parasitan del país, así los llama el marqués, se solazan en el disfrute de parafilias de las cuales hacen gala como parte de los lujos que se permiten por ser quienes son. Cada cual no es sino un cúmulo de aberraciones  que habrá de satisfacerse  con  el grupo de los 18 adolescentes secuestrados y llevados  al  palacio a donde el banquero, el juez, el sacerdote y el ministro acuden a divertirse con el disfrute de sus más crueles deseos mientras  convierten  el cuerpo de los adolescentes en simples objetos destinados a brindarles el máximo de los placeres, por lo que son sometidos a todo tipo de execrables tratos puesto que para cada uno de estos libertinos el límite de su apetito lo marca el grado de dolor físico y espiritual que pueden soportar sus víctimas hasta morir.

Llama la atención tanto en la novela como en la película el sustento con el cual el régulo valida su comportamiento degenerado pues, según el duque en la novela y el exministro en la película, la maldad encuentra su justificación o como un actuar propio de quien se muestra débil ante la pasión por lo que su comportamiento solo debe causar en los demás seres humanos tristeza debido al malestar que pueda sentir después de cometer los abusos. O como en el caso de aquel libertino que obra solo por maldad permitiéndoles a sus instintos gobernar su voluntad, comportamiento ante el cual se está obligado a sentir admiración, pues a todos no le es dado el don de ser perverso sin que la conciencia albergue algún reproche para luego, cualquiera no puede vivir tranquilo siendo verdugo. Tal cual sucede en el ser banal. ricardosarasty32@hotmail

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