La batalla por el espectro: la UIT define las bases de la próxima generación móvil

La carrera por desarrollar las redes móviles que sucederán al 5G ya está en marcha. En el centro de esta transformación se encuentra un recurso que muchas veces pasa desapercibido para los usuarios, pero que resulta fundamental para que un teléfono pueda conectarse a Internet: el espectro radioeléctrico.

Durante 2026, la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) ha avanzado en diferentes elementos técnicos relacionados con la próxima generación de comunicaciones móviles, conocida dentro de la organización como IMT-2030 y asociada al 6G. Entre los avances más importantes se encuentra la definición de requisitos técnicos para evaluar las futuras tecnologías de interfaz radioeléctrica, mientras continúa el trabajo internacional para determinar cómo podrá utilizarse el espectro en las próximas décadas.

Sin embargo, es importante hacer una precisión: no se trata de una única nueva directriz de la UIT publicada en 2026 que haya asignado de manera definitiva nuevas frecuencias mundiales para el 6G. La situación es más amplia. Las decisiones internacionales sobre asignación e identificación de bandas para servicios móviles se adoptan principalmente mediante las Conferencias Mundiales de Radiocomunicaciones (CMR/WRC) y sus Reglamentos de Radiocomunicaciones, mientras que los grupos técnicos de la UIT-R trabajan paralelamente en los requisitos y características de las futuras tecnologías.

En otras palabras, la industria está construyendo al mismo tiempo dos piezas del mismo rompecabezas: qué debe ser capaz de hacer una futura red 6G y en qué condiciones podrá utilizarse el espectro radioeléctrico para hacerla realidad.

¿Por qué el espectro radioeléctrico es tan importante?

El espectro radioeléctrico puede entenderse como una especie de autopista invisible por la que viajan las comunicaciones inalámbricas. Las redes móviles, la televisión, los servicios de emergencia, los sistemas aeronáuticos, los satélites, el Wi-Fi y numerosas tecnologías dependen de diferentes rangos de frecuencias.

Las frecuencias no pueden utilizarse de manera completamente libre. Si dos sistemas incompatibles transmitieran en la misma frecuencia y en las mismas condiciones, podrían producirse interferencias que afectarían la calidad o incluso la disponibilidad de los servicios.

Por esa razón, la gestión del espectro requiere coordinación internacional. La UIT-R desempeña un papel central en esta tarea mediante el Reglamento de Radiocomunicaciones, un tratado internacional que establece disposiciones para el uso global del espectro y de las órbitas de los satélites. Las decisiones se actualizan principalmente durante las Conferencias Mundiales de Radiocomunicaciones.

Esta coordinación también explica por qué no basta con que un fabricante decida que una determinada frecuencia sería conveniente para el 6G. Antes deben estudiarse cuestiones como interferencias, compatibilidad con otros servicios, disponibilidad regional, características de propagación y necesidades de los diferentes países.

Del 5G al IMT-2030: comienza oficialmente el camino hacia el 6G

La UIT utiliza la denominación IMT —International Mobile Telecommunications— para el marco internacional de las tecnologías móviles. El 4G y el 5G se desarrollaron dentro de generaciones anteriores de este marco.

Para la próxima generación, la UIT adoptó el nombre IMT-2030, que corresponde al marco internacional utilizado para el desarrollo del 6G. La Recomendación UIT-R M.2160, aprobada en 2023, establece el marco y los objetivos generales para el desarrollo de las comunicaciones móviles terrestres para 2030 y más allá.

El objetivo no consiste simplemente en conseguir teléfonos que descarguen archivos más rápido. La visión del IMT-2030 contempla una evolución mucho más amplia de las redes móviles.

La UIT contempla seis escenarios de uso:

  • Comunicaciones inmersivas (IC).
  • Comunicaciones ultrafiables y de baja latencia (HRLLC).
  • Comunicaciones masivas (MC).
  • Conectividad ubicua (UC).
  • Inteligencia artificial y comunicaciones (AIAC).
  • Comunicación y detección integradas (ISAC).

Esta última categoría resulta especialmente interesante porque plantea redes capaces de combinar comunicación con capacidades de detección, abriendo la puerta a aplicaciones en las que la infraestructura inalámbrica pueda aportar información sobre el entorno además de transportar datos.

La UIT avanza en los requisitos técnicos del 6G

Uno de los avances más relevantes registrados durante 2026 ocurrió en el trabajo del Grupo de Trabajo 5D de la UIT-R, encargado de aspectos relacionados con las tecnologías de acceso radioeléctrico para IMT.

En febrero de 2026, el grupo terminó el desarrollo de un proyecto de informe sobre los requisitos mínimos de desempeño técnico para IMT-2030. El documento establece una base común para evaluar las futuras tecnologías de interfaz radioeléctrica que aspiren a formar parte del ecosistema 6G.

Posteriormente, en junio de 2026, el mismo grupo completó el desarrollo de unas directrices para evaluar las tecnologías candidatas de IMT-2030. Estas directrices contemplan diferentes métodos de evaluación —como simulación, análisis e inspección— y distintos entornos de prueba.

El avance es importante porque evita que cada propuesta tecnológica sea evaluada bajo criterios completamente diferentes. La intención es disponer de una metodología común que permita comparar las tecnologías candidatas de manera técnica y consistente.

De acuerdo con el calendario de la UIT, las propuestas de tecnologías candidatas para las futuras interfaces radioeléctricas de IMT-2030 están previstas dentro de un proceso que contempla presentaciones entre 2027 y 2029.

¿Y qué tiene que ver todo esto con la asignación de frecuencias?

Aquí aparece uno de los puntos más importantes de la noticia.

Una nueva generación móvil necesita espectro suficiente. A medida que aumentan los usuarios, el tráfico de datos y las aplicaciones que dependen de conexiones inalámbricas, las redes necesitan utilizar el espectro de manera cada vez más eficiente y, en algunos casos, acceder a nuevas bandas.

Pero no todas las frecuencias sirven para lo mismo.

Las bandas bajas pueden proporcionar una cobertura amplia y penetrar mejor en determinados obstáculos, mientras que las bandas medias ofrecen un equilibrio entre cobertura y capacidad. Las frecuencias mucho más altas pueden proporcionar grandes cantidades de capacidad, aunque normalmente presentan mayores dificultades de propagación y requieren una infraestructura más densa.

La propia UIT explica, por ejemplo, que las primeras implementaciones de 5G se han apoyado ampliamente en bandas por debajo de 6 GHz, mientras que bandas superiores —incluidas las denominadas ondas milimétricas— pueden proporcionar una capacidad significativamente mayor, aunque con coberturas más localizadas.

Por eso, hablar de las redes del futuro implica necesariamente hablar de cómo se distribuye y administra el espectro.

La CMR-23 dejó importantes decisiones para las redes móviles

Una parte fundamental del contexto actual se encuentra en la Conferencia Mundial de Radiocomunicaciones de 2023 (CMR-23/WRC-23), celebrada en Dubái.

Antes de esa conferencia, la UIT había estudiado diferentes bandas candidatas para ampliar las posibilidades de las Telecomunicaciones Móviles Internacionales. Entre ellas se encontraban rangos como 3,3-3,4 GHz, 3,6-3,8 GHz, 6,425-7,025 GHz, 7,025-7,125 GHz y 10-10,5 GHz, aunque las condiciones y regiones de aplicación podían variar.

Uno de los temas que generó especial interés fue la banda superior de 6 GHz, debido a que tanto el ecosistema móvil como las tecnologías RLAN/Wi-Fi tienen interés en este recurso. Esto convirtió al espectro en un escenario de equilibrio entre diferentes tecnologías y servicios.

Los resultados de la CMR-23 se incorporaron posteriormente a las disposiciones internacionales correspondientes. Entre otros asuntos, la conferencia actualizó resoluciones relacionadas con bandas adicionales identificadas para las Telecomunicaciones Móviles Internacionales.

No todas las decisiones sobre espectro son iguales

Un aspecto que suele generar confusión es hablar de «asignar una frecuencia» como si la UIT entregara directamente una frecuencia determinada a una compañía de telecomunicaciones.

En realidad, existen diferentes niveles de decisión.

La UIT establece un marco internacional para el uso del espectro y coordina las reglas entre países. Después, cada administración nacional debe establecer cómo se implementan esas decisiones dentro de su territorio.

Por eso, una banda puede estar identificada internacionalmente para IMT, pero su utilización concreta puede depender de la regulación nacional, de la disponibilidad del espectro, de las condiciones de coexistencia con otros servicios y de los procesos mediante los cuales cada país otorga derechos de uso.

Este punto será particularmente importante a medida que avance el 6G, porque las futuras redes tendrán que coexistir con sistemas que ya utilizan el espectro.

El siguiente gran escenario será la CMR-27

El proceso tampoco termina con la CMR-23.

La UIT ya tiene en marcha estudios preparatorios para la Conferencia Mundial de Radiocomunicaciones de 2027 (CMR-27/WRC-27). Entre los asuntos previstos existen diferentes cuestiones relacionadas con servicios móviles, satelitales y posibles usos adicionales del espectro.

Esto significa que durante los próximos años continuará una discusión internacional sobre cómo aprovechar las frecuencias disponibles y cómo permitir que nuevas aplicaciones inalámbricas coexistan con servicios existentes.

En consecuencia, el desarrollo del 6G no depende exclusivamente de la creación de un nuevo estándar tecnológico. También requiere que exista un entorno regulatorio y espectral capaz de soportarlo.

¿Qué significa esto para los usuarios?

Aunque las decisiones de la UIT pueden parecer alejadas de la experiencia cotidiana, sus efectos terminan llegando a los consumidores.

La disponibilidad y armonización internacional del espectro puede ayudar a que los fabricantes desarrollen equipos compatibles con determinados rangos de frecuencias en distintos mercados. Una mayor armonización también puede favorecer economías de escala en teléfonos, antenas y otros equipos de red.

Esto ya se ha observado con bandas utilizadas por 5G. En Colombia, por ejemplo, la política nacional de espectro señala la importancia de la banda de 3,5 GHz para el desarrollo de redes móviles y destaca que la CMR-23 contribuyó a una mayor armonización internacional de este rango.

Para el usuario final, una mayor disponibilidad y coordinación del espectro puede traducirse, dependiendo de las decisiones nacionales y del despliegue de los operadores, en redes con mayor capacidad, menor congestión y mejores condiciones para servicios que demandan grandes cantidades de datos.

Colombia también está actualizando su mapa de espectro

El debate internacional tiene una relación directa con las decisiones que toman los países.

En Colombia, la Agencia Nacional del Espectro (ANE) actualizó en enero de 2026 el Cuadro Nacional de Atribución de Bandas de Frecuencias mediante la Resolución 000028 de 2026. La norma establece diferentes bandas para la operación de las Telecomunicaciones Móviles Internacionales y reserva otras para su futura operación.

Entre las bandas establecidas para IMT aparecen rangos como 698-806 MHz, 824-849 MHz, 869-894 MHz, 1.710-1.780 MHz, 1.850-1.990 MHz, 2.110-2.180 MHz, 2.500-2.690 MHz y 3.300-3.700 MHz. Además, se reservan para futura operación IMT rangos como 1.427-1.518 MHz, 2.300-2.400 MHz y 24,25-27,5 GHz, entre otros.

Esto demuestra que el proceso internacional no se queda únicamente en documentos técnicos de la UIT. Las decisiones sobre espectro terminan reflejándose en las políticas y regulaciones de cada país.

De hecho, el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones mantiene durante 2026 un proceso de selección objetiva para otorgar permisos de uso del espectro radioeléctrico en diferentes bandas.

¿Qué cambiará realmente con el 6G?

Todavía sería prematuro afirmar exactamente cómo será la experiencia comercial del 6G. La tecnología continúa en desarrollo y sus especificaciones definitivas aún no están completamente cerradas.

Sin embargo, el marco IMT-2030 muestra que la visión va mucho más allá de aumentar la velocidad de descarga.

La UIT contempla una combinación de inteligencia artificial, conectividad ubicua, comunicaciones inmersivas, comunicaciones ultrafiables, conectividad masiva y detección integrada.

Esto podría impulsar aplicaciones relacionadas con industrias automatizadas, vehículos conectados, realidad extendida, sistemas de sensores, ciudades inteligentes, robots, comunicaciones críticas y nuevos servicios que todavía no forman parte del mercado masivo.

Uno de los cambios conceptuales más interesantes es que la red podría convertirse en una plataforma mucho más integrada con el entorno físico y con sistemas de inteligencia artificial.

El reto: más espectro no significa simplemente más frecuencias

A primera vista, la solución podría parecer sencilla: encontrar más frecuencias y utilizarlas para las redes móviles.

Pero el problema es mucho más complejo.

El espectro es un recurso limitado y existen numerosos servicios que dependen de él. Las bandas pueden estar ocupadas por sistemas de televisión, satélites, radares, comunicaciones aeronáuticas, servicios marítimos, redes móviles, Wi-Fi y otros sistemas.

Por eso, cualquier nueva identificación para IMT requiere estudios de compatibilidad y mecanismos para evitar interferencias perjudiciales.

La discusión alrededor de la banda de 6 GHz es un ejemplo claro. Tanto las redes móviles como los sistemas Wi-Fi tienen argumentos para utilizar este recurso, por lo que las decisiones deben considerar las necesidades de ambos ecosistemas y las condiciones de cada región.

El desafío para los reguladores será, por tanto, conseguir un equilibrio entre capacidad, cobertura, innovación, competencia, protección de servicios existentes y uso eficiente del espectro.

Una transición que todavía está tomando forma

El desarrollo de las redes móviles de próxima generación no ocurrirá de un día para otro. Aunque el término 6G ya es ampliamente utilizado, todavía se está construyendo el marco técnico que permitirá definir qué tecnologías podrán considerarse parte de IMT-2030.

La UIT ya ha establecido el marco general del IMT-2030, ha avanzado en los requisitos técnicos durante 2026 y continúa preparando las metodologías con las que se evaluarán las tecnologías candidatas. Paralelamente, el proceso internacional de gestión del espectro sigue avanzando a través de los estudios y preparativos de futuras conferencias mundiales de radiocomunicaciones.

Por ello, más que hablar de una «frecuencia 6G» concreta, actualmente resulta más preciso hablar de un proceso internacional de armonización, evaluación y planificación del espectro para las futuras generaciones móviles.

Una carrera tecnológica que también es regulatoria

La llegada del 6G será tanto una carrera de innovación tecnológica como una carrera de planificación y regulación.

Los fabricantes tendrán que desarrollar nuevas tecnologías de radio. Los operadores tendrán que construir infraestructura capaz de aprovecharlas. Los gobiernos tendrán que administrar el espectro y definir las condiciones de uso. Y la UIT tendrá que continuar coordinando los marcos internacionales para que los distintos sistemas puedan coexistir.

El trabajo realizado durante 2026 representa una pieza importante de ese proceso. Los requisitos técnicos de IMT-2030 y las futuras metodologías de evaluación proporcionan una base para determinar qué tecnologías podrán convertirse en candidatas para la próxima generación móvil. Al mismo tiempo, las decisiones internacionales sobre espectro y los futuros trabajos de la CMR-27 ayudarán a definir el entorno radioeléctrico en el que esas tecnologías podrán desplegarse.

En definitiva, el futuro de las redes móviles no se decidirá únicamente en los laboratorios de los fabricantes. También se está definiendo en las mesas de trabajo donde países, organismos reguladores, empresas y expertos internacionales discuten quién puede utilizar el espectro, en qué condiciones y cómo lograr que las tecnologías del futuro convivan con las que ya utilizamos hoy.

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