RICARDO SARASTY

JUVILARSE DE GURRILLERO

Recientemente los integrantes del llamado ejército de liberación nacional (ELN) celebraron los 60 años de existencia de este movimiento insurgente y armado.

Por ahí se los vio mostrándose apostados con fusiles al hombro sobre el filo de las carreteras, caminando por las calles de pequeñas ciudades y en videos grabados allá en las montañas entre la hojarasca tupida de la selva.

Los medios masivos de comunicación los mostraron, unos para alertar su presencia y con ella subrayar su narrativa de la inseguridad, convencidos de que con ellos tan visibles logran generar descontento en la gente que entraría a engordar las encuestas pagadas por los opositores al gobierno.

Otros simplemente los dejaron ver como la evidencia del fracaso de la paz total y de todas las paces firmadas hasta ahora. Con o sin el consentimiento de los mandamases de esta guerrilla la celebración del cumpleaños fue aprovechado para desacreditar el actuar del gobierno por ese sector de la sociedad contra el cual en 1964 sus fundadores decidieron levantarse en armas, inspirados entonces por el triunfo del movimiento guerrillero cubano que, al mando del Che Guevara, Camilo Cien Fuegos y Fidel Castro, había entrado vencedor a la Habana en 1959, una vez tumbada la dictadura de Batista.

Ante la muy publicitada celebración de la sexagenaria guerrilla cabe preguntarse ¿qué tan acertado es el festejo y cuál podría ser el motivo de regocijo, aparte de su permanencia como tal? Al interior del movimiento, entre uno y otro brindis, quizá al final de la fiesta, debió darse unos minutos para volver la vista hacia el pasado y reflexionar sobre sus logros políticos, pues por ellos se levantaron en armas los estudiantes de univeristarios que decidieron fundarla un 4 de julio de 1964 en San Vicente de Chucurí.

Lo más lógico durante el encuentro de todos los representantes de los diferentes frentes o comandos que la integran debió ser el debate suscitado por la obligada mirada hacia su futuro. Lo absurdo sería suponer que sobre la mesa de tan importante asamblea quedó la propuesta de convocar desde ya a la fiesta por los 70 años y un despropósito enorme creer que comenzaron a preparar el banquete por arribar a los 100 años, pues nadie esta dispuesto a recibir aplausos y beneplácitos en reconocimiento a su postración producto del degeneramiento del organismo.  Pues a los abuelitos centenarios cuya larga vida agasajan sus descendientes suele vérselos activos y bien lucidos, en medio de los homenajeantes, de quienes sobra advertir que derrochan felicidad entorno a él.

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Situación inimaginable en el caso de aquellos cuasi cadáveres insepultos, en los que solo se observa el incuestionable deterioro físico y mental, tanto así que casi al unísono todos aquellos que lo conocieron en los albores de su existencia dicen que de lo que fue ya nada queda.

Una insurgencia armada que no logra en corto tiempo el propósito por el que se ha levantado es un fracaso. Ya que no puede contemplar entre sus objetivos el convertirse en una institución.

La lucha armada para liberar los pueblos de la opresión de los tiranos o en pro de la búsqueda del poder allí donde se pensó que no podía ser de otra manera, fue un medio nunca un fin. Pensar en una guerra sempiterna como sitio de trabajo no es un despropósito cualquiera, es de desquiciados. Solo a ellos puede ocurrirles en sus desvaríos convertir los seres humanos en materia prima de su producido o cuando menos en herramientas. 

En el lenguaje marxista que tanto usan pero que contradicen con sus posturas, la lucha se deslegitima cuando la guerra como propósito transforma al pueblo en el medio producción, aberración esta superior a la que lo somete el capitalismo. Por lo que no vale jubilarse de guerrillero. ricardosarasty@hotmail.com