El bicampeón llegó a Ibagué con corona pero se fue sin puntos y con dudas enormes sobre su nivel real
Junior de Barranquilla vivió uno de los debuts más decepcionantes de su historia reciente en la Liga BetPlay y la derrota 1-2 en el Manuel Murillo Toro es una señal de alerta que Alfredo Arias no puede ignorar. El Tiburón que goleó 3-0 a Nacional en la final de junio y que llegó al Clausura como el favorito absoluto al tricampeonato mostró una versión irreconocible durante el primer tiempo: lento en la salida del balón, impreciso en las transiciones y con una línea defensiva tan desorientada que Cabezas Hurtado pudo eludir a tres centrales en la misma jugada antes de abrir el marcador. Para un equipo de la jerarquía del bicampeón esa imagen en el debut del semestre es inaceptable y la hinchada barranquillera lo sabe perfectamente.
Lo que más preocupa del Junior que se vio en Ibagué es que los problemas no son individuales sino colectivos: el equipo no presionó bien, no recuperó rápido el balón tras la pérdida y no tuvo la intensidad defensiva que caracterizó al Tiburón en las dos campañas ganadoras. La reacción del segundo tiempo con el gol de Paiva mostró que el carácter sigue intacto pero no fue suficiente para cambiar el resultado. Alfredo Arias tiene que encontrar urgentemente la versión del Junior que ganó dos ligas consecutivas porque el tricampeonato histórico que persigue el club barranquillero no se consigue con este nivel de juego. La próxima fecha en casa ante Boyacá Chicó en el Metropolitano será la primera oportunidad de reacción y Junior no puede darse el lujo de volver a tropezar.




