Familia enfrenta dolor y abandono institucional histórico.
Redacción Extra
Tras más de dos décadas de incertidumbre, la familia Pesca pudo finalmente despedir con dignidad a Arnulfo Pesca, un joven desaparecido en 2004 en el municipio de Mongua, Boyacá. Aunque su regreso no fue como lo imaginaron, la entrega del cuerpo permitió cerrar un capítulo doloroso marcado por la ausencia y la espera. La desaparición de Arnulfo ocurrió en un contexto de violencia que afectó a varias familias de la región. Según registros judiciales y testimonios de la comunidad, su madre fue asesinada años antes de su desaparición, dejando a Arnulfo y a su hermano al cuidado de familiares. La tragedia de su desaparición se enmarca dentro del conflicto armado que dejó un número importante de personas desaparecidas en Boyacá y otras regiones del país.
El proceso de recuperación del cuerpo de Arnulfo estuvo a cargo del Grupo de Búsqueda, Identificación y Entrega de Personas Desaparecidas (GRUBE) y, posteriormente, de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD). Según la Fiscalía General de la Nación, Arnulfo habría sido asesinado el 29 de marzo de 2004 y enterrado en Sogamoso como no identificado. La identificación tardó varios años debido a la falta de coincidencias genéticas y a dificultades en los registros forenses.
El caso evidencia también los obstáculos que enfrentan las familias en situaciones de desaparición forzada. La familia Pesca denunció años de abandono institucional, trámites complejos y engaños que retrasaron la identificación. La desconfianza hacia las autoridades fue un factor constante durante todo el proceso. Flover Pesca, hermano de Arnulfo, relató que la frase “Yo te voy a encontrar” guió la búsqueda durante todos estos años, reflejando la resistencia y la persistencia familiar ante la ausencia de respuestas institucionales inmediatas. El acto de entrega se realizó de manera íntima, en la vivienda de Flover, donde familiares y acompañantes rindieron homenaje a Arnulfo con un altar que incluyó velas, flores y fotografías. Allí se recordaron aspectos de su vida, como su gusto por la música llanera y su aspiración a un futuro que nunca pudo concretar.
Este caso refleja tanto la magnitud del drama humanitario que dejó el conflicto armado en Colombia como los retos de las instituciones encargadas de atenderlo. La identificación y entrega de Arnulfo Pesca constituye un cierre simbólico para la familia, pero también pone en evidencia la lentitud y las limitaciones de los mecanismos oficiales frente a las desapariciones forzadas. El retorno del cuerpo a la familia Pesca sirve como recordatorio de la importancia de mantener activas las búsquedas y de garantizar procesos eficientes que respeten la dignidad de las víctimas y sus familiares, frente a un historial de olvido y abandono institucional en muchas regiones afectadas por la violencia.




