Monseñor Juan Carlos Cardenas

Jesús volverá

Por: Mons. Juan Carlos Cárdenas Toro

Hoy comenzamos un nuevo año litúrgico. Las 4 semanas del Adviento que comenzamos hoy nos disponen a la alegría de celebrar el nacimiento de Jesús (la primera venida a la historia humana del Hijo de Dios). Ademas de esto, los textos bíblicos de este domingo y el siguiente nos recuerdan que habrá una segunda venida y debemos vivir preparados.

1. Esperarlo con alegría

¿Por qué al ambiente de la Navidad se une este recordatorio de la segunda venida del Señor? Si la primera venida del Señor es motivo de alegría para los creyentes: “el Hijo de Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros”, su segunda venida no es algo terrible sino motivo de gozo.

Esperar supone la disposición para recibir algo que ocurrirá con toda seguridad. Como cuando llega la noche, esperamos con certeza que luego viene el amanecer. De la misma manera, pensemos en la segunda venida del Señor como un amanecer. No es para temer sino desear, pues significará ver cumplido lo que Jesús nos prometió. Con la misma alegría de la Navidad, esperemos que Jesús vuelva.

2. Prepararnos todos los días

Si algo resalta el Evangelio de hoy, es que la segunda venida del Señor no tiene fecha. Jesús lo ha dicho: nadie sabe ni el día ni la hora. Y lo escuchamos así: “a la hora que menos piensen, viene el Hijo del Hombre”.

Estamos acostumbrados a dejar las cosas para última hora. Pero eso no puede aplicar en este caso. Aquí lo que se nos pide es que vivamos cada día como si fuera el último; es decir, con la consciencia de hacerlo todo bien: buscando agradar a Dios, haciendo lo correcto, en actitud de mejoramiento permanente. Para ello, un buen consejo es hacer todos los días nuestro examen de conciencia, para evaluar en qué hemos avanzado o en qué hemos fallado a Dios, y de este modo estar en actitud de corrección.

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3. Comprometernos con disciplina

La certeza de que Jesús volverá no puede hacernos desentendidos de la vida temporal. Por el contrario, el camino que nos lleva al encuentro con el Señor está hecho por acciones de compromiso diario con quienes compartimos este tiempo.

A Jesús no lo esperamos ni nos preparamos para encontrarnos con él con los brazos cruzados. Al contrario, el bien que hagamos a nuestros semejantes es la ruta que nos acercará cada día al feliz abrazo con el Señor. No nos distraigamos y escojamos en esta vida lo más importante: salir de la indiferencia y servir, especialmente a los más necesitados. Seamos una buena noticia para los demás, contagiemos a los demás con la alegría de esperar al Señor haciendo el bien. Que Dios los bendiga.