Jesús Aldemar no se rindió bajo la lluvia

Jesús Aldemar Galindres Ríos tiene 25 años y estudió Artes Visuales. Llegó al Carnaval casi por curiosidad, como llegan las cosas que terminan marcando la vida. Escuchó un comentario: se necesitaban pintores. Fue a probar, con miedo, sin saber cuánto cobrar, sin haber aplicado antes la aerografía al lenguaje del Carnaval. Era 2023 y el maestro Andrés Barrera buscaba manos para dar color a esculturas todavía blancas. Jesús aceptó.

No fue fácil. Pintar no es solo saber de color; es entender tiempos, materiales, presión y equipo. El maestro dio las líneas, las indicaciones, y Jesús aprendió ahí mismo, resolviendo con lo que tenía. Aerógrafo, pinceles, calma. Vive con su papá y su hermano; un día lo buscaron en el fruver familiar para invitarlo a apoyar otra carroza. Él fue honesto: le gustaba, pero era nuevo. Mostró su portafolio y se quedó.

Jesús es experto en body paint, face paint, muralismo y pirograbado: quema la madera con un cautín como quien escribe con fuego. El 6 de enero, bajo la lluvia, sintió que la obra, aunque no era suyahacía parte de él. Verla mojarse le produjo un vacío. Gritos, soldadores, mangueras enredadas, colores que se diluían. Decidió no dejarse dominar.

Guardó la calma. Y siguió.

Estos son los jóvenes del Carnaval: no están de fiesta, están creando. Pintura en la cara, en las manos, en la ropa. Otra mentalidad. Otro pulso. Los que hoy dan color, mañana darán de qué hablar.

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