La selección de Japón continúa ganando reconocimiento internacional y llega al Mundial de 2026 con una ambición mucho mayor: dejar de ser considerada una revelación para convertirse en una verdadera candidata a avanzar lejos en el torneo. Los Samuráis Azules han construido durante los últimos años un proyecto basado en disciplina táctica, velocidad, organización colectiva y una generación de futbolistas con experiencia en las principales ligas europeas.
El empate 2-2 frente a Países Bajos en la segunda jornada del Grupo F reforzó esa sensación. Japón no solo compitió de igual a igual ante uno de los equipos con mayor tradición del fútbol mundial, sino que por varios momentos logró dominar el encuentro y puso en dificultades a un conjunto neerlandés acostumbrado a imponer condiciones.
El objetivo ahora es claro: derrotar a Túnez en Monterrey y acercarse a la clasificación a los dieciseisavos de final. Una victoria confirmaría que el equipo asiático no llegó a Norteamérica únicamente para participar, sino para convertirse en uno de los protagonistas del campeonato.
Un crecimiento que viene de años atrás
El presente japonés no es producto de la casualidad. En el Mundial de Catar 2022, el combinado nipón protagonizó una de las mayores sorpresas del torneo al vencer a dos campeones del mundo: Alemania y España. Aquellos resultados demostraron que Japón podía competir contra las potencias tradicionales y marcaron un cambio en la percepción del fútbol asiático.
La selección dirigida por un proyecto de largo plazo ha logrado combinar jugadores con recorrido internacional y jóvenes talentos que aportan intensidad y desequilibrio. Futbolistas que compiten en Europa han elevado el nivel técnico y físico de un equipo que históricamente se destacó por su orden, pero que ahora también muestra mayor capacidad ofensiva.
Una amenaza para sus rivales
Japón ya no depende únicamente de defender bien y aprovechar errores del rival. Su estilo actual combina presión alta, transiciones rápidas y una circulación de balón que le permite controlar diferentes momentos del partido.
Esa evolución convierte a los Samuráis Azules en un rival incómodo para cualquier selección. Su crecimiento incluso dejó recuerdos para Colombia, que sufrió una derrota ante Japón en el Mundial de Rusia 2018, un partido que quedó como una muestra del carácter competitivo del conjunto asiático.
En 2026, Japón busca escribir un nuevo capítulo. El desafío es transformar años de progreso en una actuación histórica y demostrar que el fútbol asiático puede competir al más alto nivel.




