La Guardia Revolucionaria de Irán reivindicó sus ataques contra bases estadounidenses en Kuwait y otras instalaciones militares de Estados Unidos en la región del Golfo, mientras el Comando Central estadounidense (CENTCOM) confirmó que sus operaciones de represalia han concluido, aunque dejó claro que sus fuerzas permanecen en alerta máxima para responder si Irán incumple los compromisos alcanzados en el alto el fuego vigente desde abril.
Los ataques iraníes fueron lanzados en respuesta a bombardeos estadounidenses contra objetivos militares en territorio iraní, incluyendo instalaciones de vigilancia aérea y control de drones en Goruk y la isla de Qeshm. Según Washington, estas operaciones defensivas respondieron al derribo de un dron estadounidense MQ-1 que operaba sobre aguas internacionales. CENTCOM precisó que ningún integrante de sus fuerzas resultó herido durante los ataques.
Desde Teherán, los tonos se endurecieron considerablemente. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, afirmó que «la era de la intimidación y la extorsión ha terminado» y aseguró que el país no cederá ante las presiones estadounidenses. La Guardia Revolucionaria, por su parte, lanzó una advertencia explícita: «Si la agresión se repite, la respuesta será completamente diferente» y «la responsabilidad recaerá sobre el agresivo régimen estadounidense».




