Irán: ejemplo de valentía, dignidad y soberanía mundial

Carlos Santa María

He tenido la posibilidad de ver cuerpos destrozados, mochilas pequeñas untadas de sangre, libros y cuadernos escritos botados, todos como parte de un crimen de lesa humanidad que provee interrogantes sobre el porqué un silencio y sin preguntas sobre las muertes de niños en Irán.

Como algunos conocen, pues ha sido dada como una noticia más, normal simplemente y sin cuestionarse la criminalidad inherente, la escuela primaria para niñas Shajarat Tayyibah fue destrozada el 28 de febrero, primer día de los ataques de EEUU-Israel que mataron más de 170 alumnas.

La hipocresía desde las élites, especialmente aquellas ligadas a la pedofilia, donde fotos del presidente Donald Trump con el delincuente sexual Epstein, tocan las piernas de una niña de 12 años, esconden que la violencia contra las mujeres y los trabajos menor pagados en Latinoamérica, por ejemplo, son propios de un sistema explotador mientras cuestionan el velo del país persa donde el 99% de las mujeres están alfabetizadas, el 60% de las universidades tienen alumnas mujeres, miles de juezas están en el país, junto al inmenso porcentaje de científicas que superan a los hombres.

Allá si se prohíbe las violaciones, la pedofilia, el feminicidio, la pornografía, convertirse en actrices de Only Fans, considerar la homosexualidad como esencial. Al contrario, se defiende la familia, los hijos, una educación cultural y deportiva, el tiempo de dedicación a los niños, donde el porcentaje más alto de mujeres no usa el velo y nadie la sanciona por ello…excepto por las noticias falsas del espectro mediático financiado por los mega ricos del orbe.

Un país que solo confronta a potencias que se unen cobardemente en coalición, sin  enfrentar a naciones con bombas nucleares, explica al mundo que la ONU o comunidad internacional son mitos para conquistar naciones versus la dignidad persa como libertad de pensamiento.

Por ello, nos unimos a Maria Zajárova, quien manifiesta que expresar condolencias, alzar el pecho, apresar a los culpables, ha sido «el código de la humanidad», actualmente destruido totalmente. 

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