Sudán del Sur enfrenta una nueva etapa de una crisis humanitaria que ya era una de las más graves del mundo. Las lluvias estacionales, el riesgo recurrente de inundaciones y la posibilidad de nuevos fenómenos climáticos asociados a El Niño se suman al hambre, los conflictos y la llegada constante de personas que huyen de la guerra en el vecino Sudán.
El Programa Mundial de Alimentos (WFP, por sus siglas en inglés) y la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) han advertido que el país atraviesa un momento especialmente delicado. La temporada de lluvias dificulta el transporte de alimentos y ayuda humanitaria, mientras las inundaciones siguen siendo una amenaza recurrente para comunidades desplazadas y zonas que acogen refugiados.
A esta situación se suma una crisis de financiación que podría dejar sin asistencia alimentaria a cientos de miles de personas en los próximos meses.
La emergencia es compleja porque no responde a una sola causa. Sudán del Sur combina conflicto, desplazamiento, pobreza, inseguridad alimentaria, fenómenos climáticos extremos y la presión generada por la guerra que continúa al otro lado de la frontera, en Sudán.
Una aclaración necesaria sobre las lluvias, El Niño y las inundaciones
El escenario descrito por los organismos humanitarios exige precisión. Las fuentes oficiales consultadas sí advierten sobre una temporada de lluvias que complica la situación de las poblaciones vulnerables, sobre el riesgo recurrente de inundaciones y sobre posibles nuevos impactos climáticos relacionados con El Niño.
Sin embargo, la información más reciente no permite afirmar de forma general que todos los campamentos de refugiados del país estén actualmente inundados por un “monzón estival”. En Sudán del Sur, los organismos internacionales se refieren principalmente a la temporada de lluvias, que suele provocar inundaciones, daños en infraestructuras y dificultades para llevar ayuda a las zonas más aisladas.
El propio WFP ha señalado que, durante la temporada lluviosa, las carreteras inundadas o deterioradas hacen cada vez más difícil el acceso humanitario. El organismo advierte que esta situación coincide con un periodo en el que los alimentos escasean, los precios pueden aumentar y las familias más vulnerables quedan todavía más expuestas.
Además, el WFP ha puesto en marcha en 2026 medidas de acción anticipatoria en varios países, entre ellos Sudán del Sur, ante los riesgos asociados al desarrollo de El Niño y otros fenómenos climáticos que pueden alterar los patrones de lluvia y agravar la inseguridad alimentaria.
Las inundaciones son una amenaza recurrente en el país
El riesgo no es teórico. Sudán del Sur ha sufrido durante años graves episodios de inundaciones que han obligado a miles de familias a abandonar sus hogares y han aislado comunidades enteras.
El plan de respuesta para refugiados de 2026 elaborado en el marco de ACNUR identifica las inundaciones recurrentes como uno de los principales riesgos para las comunidades refugiadas y de acogida. El documento advierte que las crecidas pueden destruir refugios, afectar los servicios básicos, contaminar fuentes de agua, favorecer la propagación de enfermedades y reducir la producción agrícola.
Las zonas bajas de estados como Alto Nilo, Northern Bahr el Ghazal y Unity figuran entre las más expuestas. El mismo plan señala que lugares donde se concentran refugiados y desplazados, como Renk, Maban y Jamjang, pueden enfrentar mayores riesgos cuando las lluvias son especialmente intensas.
En los últimos años, las inundaciones han afectado a más de un millón de personas en el país. ACNUR recordó en junio de 2026 que las fuertes crecidas registradas durante 2025 dañaron viviendas, carreteras e infraestructuras básicas y dejaron a numerosas comunidades aisladas, justo cuando muchas de ellas ya habían sido desplazadas por la violencia.
La situación es especialmente preocupante para las familias que han tenido que huir varias veces. Muchas personas desplazadas llegan a zonas seguras después de escapar de la guerra o de la violencia local, pero vuelven a enfrentarse a la pérdida de sus refugios y medios de subsistencia cuando las aguas cubren sus comunidades.
Más de 650.000 refugiados podrían perder ayuda alimentaria
Mientras las lluvias y el riesgo de inundaciones aumentan las dificultades logísticas, Sudán del Sur enfrenta otro problema urgente: la falta de financiación para mantener la ayuda humanitaria.
El 14 de agosto de 2026, el WFP y ACNUR advirtieron conjuntamente que más de 650.000 refugiados y solicitantes de asilo en Sudán del Sur corren el riesgo de perder el acceso a asistencia vital de alimentos y nutrición debido a la falta crítica de recursos.
Según la advertencia, sin financiación urgente, septiembre sería el último mes en que los 240.000 refugiados considerados más vulnerables recibirían la ayuda alimentaria que aún permanece disponible. Estas familias ya están recibiendo aproximadamente la mitad de una ración completa debido a los recortes que se han venido aplicando.
Los organismos alertaron de que muchas familias ya han comenzado a reducir el número y el tamaño de sus comidas, pedir dinero prestado, vender sus pocas pertenencias y disminuir los gastos destinados a salud, educación y refugio.
La advertencia llega precisamente durante la temporada lluviosa, cuando transportar alimentos se vuelve más complicado y algunas zonas quedan temporalmente aisladas por carreteras deterioradas o inundadas.
Reuters informó, con base en la advertencia de las agencias de Naciones Unidas, que si no se consigue financiación adicional, la asistencia alimentaria para los refugiados podría interrumpirse por completo a partir de octubre.
Una de las crisis de hambre más graves del mundo
La situación de los refugiados forma parte de una emergencia mucho más amplia. El WFP estima que alrededor de 7,8 millones de personas en Sudán del Sur enfrentan altos niveles de inseguridad alimentaria aguda, mientras que más de 2,2 millones de niños menores de cinco años sufren desnutrición aguda.
Esto significa que más de la mitad de la población del país vive bajo algún grado de amenaza relacionada con el acceso a los alimentos.
El WFP identifica una combinación de factores detrás de la crisis: conflictos, desplazamiento masivo, fenómenos climáticos, inestabilidad económica y las consecuencias de la guerra en Sudán.
La organización necesita cientos de millones de dólares para mantener sus operaciones de asistencia en 2026. La falta de fondos está obligando a priorizar a los grupos considerados más vulnerables y a reducir o suspender programas en diferentes zonas.
La guerra en Sudán aumenta la presión sobre Sudán del Sur
La guerra que comenzó en Sudán en abril de 2023 ha provocado uno de los mayores movimientos de población de los últimos años en la región.
Sudán del Sur, que ya enfrentaba sus propios problemas de conflicto y desplazamiento, ha recibido desde entonces a más de un millón de personas entre refugiados, retornados y solicitantes de asilo.
ACNUR calcula que más de 1,3 millones de personas habían cruzado hacia Sudán del Sur desde el inicio del conflicto hasta finales de 2025, entre ellas cientos de miles de refugiados y solicitantes de asilo. El flujo de llegadas continúa en 2026.
El problema es que muchas de estas personas llegan a un país que también tiene enormes necesidades internas.
Sudán del Sur mantiene a casi dos millones de personas desplazadas dentro de su propio territorio, mientras millones de sursudaneses han tenido que buscar refugio en países vecinos durante los años de conflicto que han marcado la historia del país desde su independencia en 2011.
El Niño añade incertidumbre al panorama climático
El fenómeno de El Niño no afecta de la misma manera a todas las regiones del planeta. Sus consecuencias pueden incluir sequías en algunas zonas y lluvias intensas o patrones climáticos anómalos en otras.
El WFP advirtió recientemente que un evento fuerte de El Niño podría incrementar de forma considerable el número de personas que enfrentan inseguridad alimentaria aguda en distintas regiones vulnerables del mundo.
Ante este escenario, la organización ha activado mecanismos de acción anticipatoria en varios países. Desde mayo de 2026, Sudán del Sur forma parte de los lugares donde se han puesto en marcha medidas preventivas para ayudar a las comunidades a prepararse frente a posibles impactos climáticos.
En África oriental, los antecedentes recientes muestran hasta qué punto los fenómenos climáticos pueden afectar a las poblaciones desplazadas. ACNUR documentó que las lluvias vinculadas al anterior episodio de El Niño provocaron graves inundaciones en varios países de la región, incluido Sudán del Sur, donde cientos de miles de personas tuvieron que abandonar sus hogares.
La preocupación actual es que un nuevo episodio climático extremo encuentre a Sudán del Sur con menos capacidad de respuesta, debido a la falta de financiación y a la creciente cantidad de personas que necesitan asistencia.
Cuando las carreteras se inundan, la ayuda también queda atrapada
Uno de los principales problemas durante la temporada de lluvias es el aislamiento.
En un país con una infraestructura limitada, una carretera inundada puede significar que un convoy de alimentos tarde días adicionales en llegar o, en algunos casos, que no pueda acceder a determinadas comunidades.
El WFP ha advertido que la llegada de la temporada de lluvias ya está dificultando las operaciones humanitarias en zonas afectadas por el conflicto y el hambre. En Akobo East, por ejemplo, la organización informó en junio de 2026 que estaba intensificando su respuesta de emergencia mientras enfrentaba problemas derivados de la inseguridad, los daños en las infraestructuras y el inicio de las lluvias.
Para los refugiados y desplazados, el impacto puede ser doble: primero, la lluvia y las inundaciones pueden destruir viviendas, cultivos y fuentes de agua; después, las mismas condiciones dificultan la llegada de la ayuda necesaria para responder a la emergencia.
Las inundaciones también aumentan el riesgo de enfermedades transmitidas por el agua, especialmente cuando afectan los sistemas de saneamiento y contaminan las fuentes de abastecimiento.
Una crisis que amenaza con empeorar
La principal preocupación de Naciones Unidas es que los diferentes problemas que enfrenta Sudán del Sur no actúan de manera aislada.
Una familia puede haber huido de la guerra en Sudán y llegar al país sin recursos. Después puede instalarse en una comunidad vulnerable a las inundaciones. Si las lluvias dañan las carreteras, la ayuda alimentaria puede tardar más en llegar. Y, al mismo tiempo, los recortes de financiación pueden reducir la cantidad de alimentos disponibles.
Ese efecto acumulativo es el que preocupa a las organizaciones humanitarias.
El WFP y ACNUR insisten en que la falta de recursos está llegando en un momento crítico. Las agencias necesitan financiación adicional no solo para mantener la distribución de alimentos, sino también para sostener servicios de protección, nutrición, agua, saneamiento y asistencia para las personas recién llegadas.
Sudán del Sur enfrenta así una combinación especialmente peligrosa: una crisis de hambre que ya afecta a millones de personas, una población refugiada en crecimiento, desplazamientos internos provocados por la violencia, lluvias que dificultan la respuesta humanitaria y un riesgo climático que puede intensificarse con nuevos fenómenos extremos.
El reto inmediato: evitar que la emergencia climática se convierta en una catástrofe humanitaria
Las organizaciones internacionales están intentando anticiparse a los efectos de las lluvias y de otros fenómenos climáticos mediante la construcción y mejora de infraestructuras, sistemas de alerta temprana y programas de asistencia anticipada.
Pero la capacidad de respuesta depende en gran medida de los recursos disponibles.
El plan de respuesta para refugiados de 2026 advierte que las inundaciones seguirán siendo un riesgo estructural para Sudán del Sur y que las comunidades refugiadas y de acogida necesitarán inversiones para mejorar la protección frente a las crecidas, el acceso al agua y la resiliencia de las infraestructuras.
Por ahora, la alerta de Naciones Unidas es clara: Sudán del Sur se encuentra en un momento en el que el hambre, el desplazamiento y los fenómenos climáticos pueden reforzarse mutuamente.
La llegada de las lluvias no crea por sí sola la crisis, pero puede profundizar una emergencia que ya afecta a millones de personas. Y si la financiación humanitaria continúa disminuyendo, el margen de maniobra para proteger a los refugiados y a las comunidades más vulnerables será cada vez menor.
En ese contexto, las inundaciones en Sudán del Sur representan mucho más que un fenómeno meteorológico. Para cientos de miles de personas que ya han perdido sus hogares, sus medios de vida o el acceso regular a los alimentos, una nueva temporada de lluvias intensas puede convertirse en otro capítulo de una crisis humanitaria que todavía está lejos de terminar.



