Carlos Santa María
Hay que recordar que la guerra declarada entre Rusia y la Coalición Internacional euro estadounidense que apoya a Zelenski, el ex presidente de Ucrania, podría no haber existido si se hubiesen firmado los Acuerdos de Minsk, que estipulaban la defensa de los ucranianos en las regiones de Crimea, Lugansk, Donetsk y otros, por parte del gobierno en la medida que sus ataques a esas regiones eran de carácter genocida al exterminar su propia población.
Cuando se estaba ad portas de la firma se presentó la visita del premier británico Boris Johnson, el cual ordenó que no se rubricara el documento ya que con toda seguridad Zelenski ganaría la confrontación propinando una derrota a Rusia, especialmente al ser acompañado de 51 naciones occidentales, árabes y asiáticas.
La realidad al día de hoy es que esas regiones son rusas, el ejército ucraniano ha sido diezmado en gran proporción lo que lo ha obligado a “cazar” a la población para ir al frente o utilizar mercenarios, todos como carne de cañón. Indiscutiblemente existen bajas en el campo ruso, sin embargo, la proporción de muertes alcanza una cifra a favor cercana a 10-1, sentenciando a la dirigencia ucraniana debido a sus bajas enormes.
Actualmente se está utilizando drones para atacar Moscú, San Petersburgo y regiones donde el terrorismo es la metodología empleada al asesinar escolares, al igual que las 165 niñas de Minab (Irán), civiles que viajan en buses, coches y ambulancias que no transportan militares.
Trump se reunió con Putin en Anchorage con el fin de definir una ruta de pacificación a la cual se acogió el líder moscovita. No obstante, en estos días Marcos Rubio ha manifestado que ellos no son mediadores, sino que defienden su propio territorio y Ucrania lo es, así como América Latina o Groenlandia.
Por tanto, la conclusión es muy clara: el ganador en el terreno definirá los términos de finalización, así como el Líder de Irán lo estableció: el que es derrotado tiene que acogerse al vencedor.




