Ricardo Sarasty

Inteligencia y artificios

Por: Ricardo Sarasty.

Este texto pudo haber sido escrito, si no en su totalidad al menos en una parte, con la ayuda del programa informático que de unos días a la fecha de hoy llama la atención de todo el mundo, pues según los que han acudido a él, han encontrado todo cuanto hasta antes de esta invención o artificio solo podía ser autor el ser humano poseedor único, como se creía hasta ahora, de una inteligencia superior entre sus congéneres los animales. Pero preferí ser el autónomo y no el autómata por lo que hice a un lado la tentación y me senté a hacerlo como ya es costumbre desde hace 30 años.

Desde que oí el término inteligencia artificial he tratado de entender el sentido otorgado a la palabra inteligencia. Pues se la toma solo para aludir acto de poner en acción algo. Necesidad intrínseca de la misma naturaleza de la que depende su supervivencia y por la cual el ser humano ha tratado de cumplir,  consiente de la responsabilidad de cuidarse y mejorar su entorno como ser superior. Es esa inteligencia o don supremo, si se quiere ver con un sentido trascendental, la que lo formó como constructor o artífice de herramientas para ayudarse y facilitar su trabajo, pero también con el propósito de garantizar la calidad en todo cuanto convierte en su obra. No otro es el origen de la máquina, desde la más simple como el tornillo hasta la computadora que dio pasó a lo que ya se denomina la cuarta revolución industrial.

Lo obrado por el hombre, y entiéndase la palabra hombre con el sentido genérico como en el mito, es grandioso y de verdad para admirar, no obstante, también cuestionable en el caso de lo construido con el afán ya no de mejorar y ayudar a la vida sino de destruirla. Siendo tan eficaz en este propósito pues de la misma manera que ha maravillado acercando las estrellas, también ha puesto a toda la humanidad a dormir con un ojo abierto ante la zozobra de no saber cuándo él o el artefacto inventado para ello hundirá el dedo en el botón que active su última gran producto inteligente, la aniquiladora de toda existencia posible sobre este planeta. Es que este don de poder idear conceptos para luego con base en ellos darle forma a los artificios llamados por él inteligentes, en tanto que actúan en su reemplazo, también lo ha llevado a desear estar en el lugar de los dioses o de esa inteligencia superior que de cualquier manera ha aceptado su existencia, ya en el ídolo tallado por sus manos en una `piedra o en la armonía aun inexplicable ante él, que hace posible que todo en la naturaleza se vea bien en su lugar y cumpla con precisión  sus funciones.

loading...

Puede interesarle: https://www.diariodelsur.com.co/narino-destino-turistico/

Es que en cumplimiento del reto consistente en demostrar que puede crear un ser a su imagen y semejanza, no ha descansado desde hace mucho siglo atrás, como lo demuestra la leyenda del Golem que habla de la criatura fabricada con palabras y la gracia del poder místico para proteger la existencia pero que termina convertida en su amenaza. De esta leyenda devienen otras historias que dan cuenta de cómo una y otra vez el mortal humano persiste en la tarea de crear otro ser que cuente con sus mismos atributos y a la vez lo supere. Solamente que, al lograrlo, así como se regocija al comprobar que funciona, al dejarlo obrar por propia voluntad se ha espantado ante el monstruo, llámese Frankenstein o Matrix, que pone en evidencia un solo pero grave error originado en la arrogancia, calidad propia del material con él está hecho el humano, que convierte sus cualidades en defectos trasladados a su artificio.  @Risar0.