El mercado del Potrerillo en Pasto, que debería ser un lugar de encuentro y abastecimiento, se ha ido transformando poco a poco en escenario de situaciones preocupantes. Los robos y atracos parecen estar a la orden del día, afectando especialmente a las amas de casa que acuden con esfuerzo a hacer sus compras. Entre el bullicio y el movimiento, los delincuentes encuentran el ambiente perfecto para actuar con rapidez y desaparecer sin dejar rastro. Lo más irónico es que mientras unos buscan el sustento diario, otros aprovechan para arrebatárselo. La sensación de inseguridad crece, y con ella el temor de quienes solo quieren comprar tranquilos. Urge mayor presencia de autoridades y control en la zona. De lo contrario, este tradicional espacio seguirá perdiendo su esencia, convirtiéndose en un lugar donde la desconfianza pesa más que las bolsas del mercado.




