INRY

Por Mauricio Fernando Muñoz Mazuera

Queridos lectores: El título de la columna de esta semana no es un error ortográfico de nuestra redacción. Por el contrario, responde a una situación que se evidenció precisamente en la “Senda de la Fe” en nuestra ciudad de Pasto. Recordemos que INRI es una sigla que hace referencia al letrero colocado en la cruz de Jesús: Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum, en latín, que quiere decir “Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos”.

Esta “Senda de la Fe”, impulsada desde años atrás por la Alcaldía de Pasto y la todopoderosa Corpocarnaval, busca que propios y visitantes disfruten de estructuras artísticas dispuestas temporalmente en el marco de la celebración de la Semana Santa. Justamente fue en este espacio donde se observó el error ortográfico —evidente y lamentable— en uno de los elementos instalados. Pero el problema aquí no es del autor del texto ni del objeto en sí. El problema radica en los controles de calidad que realiza Corpocarnaval. Así como nos encontramos con este yerro gramatical, muchas otras situaciones pasan en medio del “exhaustivo” control que lleva a cabo la corporación, un control que deja mucho que desear, porque parece que, solo se aplica a los que están por fuera de la puerta giratoria.

Es necesario analizar esta situación, porque Corpocarnaval ya no es solo aquella organización creada para la organización del Carnaval. Hoy se ha convertido en un monopolio cultural que maneja vallados, carpas, sonido y un staff robusto, olvidando así su esencia: el arte y la protección del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, cuidado que se refleja en el compromiso con la calidad, la acogida y el buen trato hacia los artesanos, lo cual no se está cumpliendo. Días atrás, el gerente de esta corporación, Andrés Jaramillo, rindió cuentas tras un llamado del Concejo Municipal. Y, en pocas palabras, el mensaje fue claro: aquí no pasa nada; todo son chismes, corrillos sin sustento. Pero tampoco se permite que los entes de control revisen a fondo lo que realmente está ocurriendo. No hay informes claros sobre la gestión de los recursos que, por distintas vías, recibe la corporación. Y, aun así, el discurso oficial insiste en que todo marcha bien. Entonces, ¿qué está pasando?

Se habla de posicionamiento, de internacionalización, de llevar el Carnaval a escenarios como República Dominicana. Pero la pregunta es: ¿qué queda de eso? ¿Se traducen estos viajes en inversión real, en apoyo concreto para los artesanos? ¿O se quedan en la vitrina, en la fotografía, en el titular? Porque, en la práctica, lo que parece suceder es que ciertos funcionarios conocen el mundo gracias a recursos públicos, mientras los verdaderos gestores culturales siguen esperando respaldo.

Un ejemplo reciente lo confirma. Durante la pasada Semana Santa, en un grupo de WhatsApp donde participan artistas y artesanos del municipio, se hizo un llamado al subsecretario de Cultura solicitando apoyo para el pago de compromisos pendientes por parte de Corpocarnaval a varios artistas que tomaron parte en la pasada versión de nuestra fiesta magna. La respuesta fue técnica, burocrática, hablando de procesos y trazabilidad. Pero, en ese mismo espacio, el alcalde de Pasto intervino y pidió al subsecretario que se adelantaran los trámites lo más pronto posible para, así, por fin saldar las deudas con los artistas.

Entonces surge otra pregunta: si el alcalde conoce la situación, ¿por qué no se soluciona? ¿Quién manda realmente en el tema cultural de la ciudad? Señores, ya es hora de despertar. Es momento de dejar de permitir que se siga engañando a la ciudadanía. Es momento de ejercer veeduría, de exigir transparencia, de solicitar la intervención de los entes de control y de poner la lupa sobre lo que ocurre dentro de esta corporación. El que tenga oídos, que oiga.

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