En una de las regiones más áridas del planeta, donde la escasez de agua ha condicionado históricamente la vida y la producción agrícola, un proyecto desarrollado en el norte de Chile ha demostrado que es posible cultivar hortalizas aprovechando recursos disponibles en el propio territorio.
La experiencia se desarrolla en Falda Verde, en las cercanías de Chañaral, en la Región de Atacama, y combina tres elementos fundamentales: captación de agua de niebla, producción hidropónica y energía solar. El resultado fue una primera cosecha de más de 850 lechugas, equivalentes a cerca de 40 kilos de producción, obtenidas en pleno entorno desértico.
Sin embargo, es importante hacer una precisión sobre el planteamiento original de esta noticia: las fuentes verificables consultadas no confirman la inauguración de unos “invernaderos solares con riego por condensación” bajo esa denominación exacta. Lo que sí está documentado oficialmente es la inauguración y desarrollo de un vivero hidropónico que utiliza agua captada de la niebla y energía solar, junto con sistemas de climatización y producción agrícola adaptados a las condiciones extremas del desierto.
El desafío de cultivar donde casi no hay agua
El desierto de Atacama representa uno de los entornos más complejos del mundo para la agricultura. La falta de precipitaciones, la alta radiación solar, las condiciones del suelo y las grandes variaciones ambientales convierten la producción de alimentos en un desafío tecnológico y logístico.
En las comunidades del norte chileno, además, una parte importante de las frutas y hortalizas debe llegar desde otras regiones del país. Esto puede incrementar los costos de transporte y afectar la disponibilidad y frescura de los productos.
Frente a esta realidad, investigadores de la Pontificia Universidad Católica de Chile, junto con la Agrupación de Atrapanieblas de Atacama, desarrollaron una alternativa basada en la utilización de recursos naturales presentes en la zona: la humedad de la niebla costera y la abundante radiación solar.
Atrapar la niebla para convertirla en agua
La pieza central del sistema son los atrapanieblas, estructuras instaladas en sectores elevados de la Cordillera de la Costa.
Estos dispositivos utilizan mallas que interceptan las pequeñas gotas de agua suspendidas en la niebla. La humedad se condensa sobre la superficie de la malla y posteriormente es recolectada y conducida hacia sistemas de almacenamiento y distribución.
En Falda Verde, el proyecto cuenta con una red de atrapanieblas que, según la información divulgada por la Universidad Católica y autoridades locales, puede obtener alrededor de 100 litros diarios por estructura en condiciones favorables. El agua recolectada es trasladada hacia el vivero, donde se integra al sistema de producción hidropónica.
Esta característica es clave: el proyecto no depende exclusivamente de transportar agua desde otras zonas para mantener la producción, sino que busca aprovechar un fenómeno climático presente en la costa del desierto.
La hidroponía como respuesta a las condiciones extremas
Una vez obtenida el agua, comienza la segunda parte del proceso: el cultivo hidropónico.
A diferencia de la agricultura tradicional, este sistema permite cultivar plantas sin depender directamente del suelo. Las raíces reciben agua y una solución con nutrientes y minerales necesarios para su desarrollo.
En el vivero de Falda Verde se habilitaron diez mesas de cultivo. En ellas se instalaron estructuras flotantes donde se colocaron los almácigos de lechuga, mientras el sistema proporciona las condiciones necesarias para el crecimiento de las plantas.
Los investigadores señalaron que, tras aproximadamente 21 días desde la instalación de los almácigos, se logró una producción superior a 850 lechugas, con un peso total cercano a los 40 kilos. La cosecha fue presentada durante una actividad realizada el 4 de julio de 2024, con participación de integrantes de la comunidad, autoridades locales e investigadores.
El papel de la energía solar
La tercera pieza del proyecto es la energía solar.
El norte de Chile posee algunas de las condiciones más favorables del planeta para el aprovechamiento de la radiación solar. En este caso, los paneles fotovoltaicos permiten alimentar equipos necesarios para el funcionamiento del sistema hidropónico, entre ellos bombas utilizadas para oxigenar el agua de los cultivos.
La energía solar también forma parte de una estrategia más amplia para reducir la dependencia de fuentes energéticas externas y adaptar la infraestructura agrícola a las condiciones de territorios aislados o con dificultades de acceso a servicios convencionales.
El proyecto desarrollado en Falda Verde integra conocimientos de diferentes áreas, entre ellas geografía, agronomía, ingeniería y arquitectura. La captación de niebla permite obtener el recurso hídrico; la agronomía desarrolla la producción vegetal; la ingeniería aporta soluciones energéticas, y el diseño del invernadero busca controlar las condiciones ambientales necesarias para los cultivos.
Más que una cosecha de lechugas
La importancia de la experiencia no está únicamente en la cantidad de hortalizas obtenidas.
El objetivo de los investigadores es demostrar que determinadas zonas del desierto pueden desarrollar sistemas de producción alimentaria local mediante la integración de tecnologías adaptadas a sus condiciones climáticas.
La iniciativa fue impulsada como parte de un proyecto de investigación orientado a establecer las bases para utilizar el agua de niebla como fuente para la producción agrícola en la costa del desierto de Atacama. Además de las lechugas, los investigadores han estudiado o proyectado el desarrollo de otros cultivos, como frutillas, tomates, pepinos, albahaca, menta, melón y zapallo italiano.
La posibilidad de producir alimentos cerca de las propias comunidades podría reducir la dependencia de productos transportados desde grandes distancias y, al mismo tiempo, generar nuevas oportunidades económicas para habitantes de zonas rurales y costeras.
Una tecnología que busca involucrar a las comunidades
Uno de los aspectos centrales del proyecto es que la tecnología no fue concebida únicamente como un experimento de laboratorio.
La Agrupación de Atrapanieblas de Atacama tiene una trayectoria de más de dos décadas trabajando con sistemas de captación de niebla. Antes del actual proyecto, la comunidad había desarrollado otras experiencias relacionadas con el aprovechamiento de este recurso.
La participación de los habitantes locales permite que el conocimiento científico se combine con la experiencia acumulada por quienes conocen directamente las condiciones del territorio.
La aspiración de los participantes es ampliar la escala del sistema en el futuro. Entre las posibilidades planteadas está aumentar el número de atrapanieblas y expandir la infraestructura de cultivo para incrementar la producción local.
Atacama como laboratorio para enfrentar la crisis hídrica
La experiencia de Falda Verde también se relaciona con un desafío mucho más amplio: la adaptación de la agricultura a la escasez de agua y al cambio climático.
En 2026, el Instituto de Investigaciones Agropecuarias de Chile, INIA Intihuasi, informó sobre un programa en el que agricultores de comunas como Vallenar, Alto del Carmen, Tierra Amarilla y Copiapó participaron en la construcción de invernaderos destinados a cultivos hidropónicos. La iniciativa busca acercar tecnologías adaptadas a las condiciones de la Región de Atacama a la agricultura familiar campesina.
De forma paralela, instituciones académicas chilenas continúan desarrollando investigaciones sobre sistemas agroalimentarios capaces de enfrentar condiciones de alta aridez, escasez hídrica y variabilidad climática.
En la zona norte del país, estos proyectos exploran la combinación de tecnologías de precisión, sistemas de invernadero, fuentes de energía renovable y conocimientos agrícolas tradicionales para construir modelos de producción más resistentes a las condiciones extremas.
Un precedente para la agricultura en zonas áridas
La experiencia desarrollada en Falda Verde todavía tiene una escala limitada y no representa, por ahora, una solución capaz de transformar por completo la agricultura del desierto. La disponibilidad de agua de niebla depende de las condiciones geográficas y climáticas, mientras que ampliar la infraestructura requiere inversión, mantenimiento y estudios técnicos.
Aun así, la primera cosecha constituye una demostración concreta de que la combinación de captación de humedad atmosférica, hidroponía y energía renovable puede generar alimentos en territorios donde la agricultura convencional enfrenta enormes limitaciones.
El proyecto también plantea una discusión sobre el futuro de la seguridad alimentaria en regiones afectadas por la escasez de agua. En lugar de depender exclusivamente de grandes infraestructuras o del transporte de alimentos desde zonas lejanas, algunas comunidades podrían desarrollar sistemas locales adaptados a los recursos específicos de su territorio.
En el caso del desierto de Atacama, el resultado fue especialmente simbólico: en un paisaje dominado por la sequedad y la escasez hídrica, cientos de plantas crecieron dentro de un invernadero gracias a agua obtenida de la niebla y a sistemas alimentados por el sol.
La iniciativa no elimina los desafíos de cultivar en una de las regiones más secas del planeta, pero sí aporta una evidencia de que la innovación tecnológica y la adaptación territorial pueden abrir nuevas posibilidades para la producción de alimentos en condiciones que, hasta hace poco, parecían prácticamente incompatibles con la agricultura.


