Inglaterra llega a Miami como favorita pero con el fantasma del sufrimiento reciente sobrevolando el banquillo
Los Tres Leones de Thomas Tuchel aterrizan en el Hard Rock Stadium conscientes de que tienen el mejor plantel en décadas pero también de que este Mundial no les ha resultado nada fácil. Empatar con Ghana en la fase de grupos, sufrir hasta el 90 ante Panamá, remontar con diez hombres ante la República Democrática del Congo en dieciseisavos y ganar 3-2 a México en un partido que tuvo de todo: dos goles de Bellingham, un penalti de Kane y una expulsión que los dejó con inferioridad numérica durante casi todo el segundo tiempo. Inglaterra siempre gana pero nunca convence del todo, y esa es la gran preocupación de Tuchel antes del partido más importante de la campaña.
Las buenas noticias llegan de sus dos figuras: Harry Kane necesita un gol para convertirse en el máximo goleador inglés de todos los tiempos en Copas del Mundo en solitario, superando definitivamente a Gary Lineker con 11 tantos, y Jude Bellingham llega al partido en el mejor momento de su carrera mundialista después de su doblete ante México que lo consagró como el líder que la selección necesitaba. La mala noticia es la posible baja de Jordan Henderson, lesionado en la celebración tras el partido contra México en una imagen que se hizo viral. Enfrente está Noruega con Haaland en estado de gracia y el viento a favor de quien no tiene nada que perder, lo que convierte el partido de esta tarde en Miami en una trampa perfecta para unos Tres Leones que llevan 60 años esperando volver a ganar una Copa del Mundo.


