Representantes de ocho jurisdicciones eclesiásticas del corredor fronterizo entre Colombia y Ecuador se dan cita este miércoles y jueves en Tulcán, en un encuentro que busca mucho más que el análisis de problemáticas: pretende consolidar una mirada conjunta, solidaria y transformadora de la vida en frontera.
Este espacio binacional reúne a delegaciones de diócesis de ambos países, equipos de pastoral social, líderes religiosos, organizaciones sociales, representantes de comunidades indígenas y voceros sindicales. A ellos se suman delegados del Gobierno Nacional y agencias de cooperación internacional, en un ejercicio de diálogo amplio que reconoce la frontera no como una línea divisoria, sino como un territorio vivo, dinámico y profundamente humano.
Desde una perspectiva social y comunitaria, el encuentro pone en el centro a las poblaciones que históricamente han habitado y transitado este territorio: comunidades que enfrentan desafíos estructurales, pero que también poseen enormes capacidades organizativas, culturales y solidarias. En ese sentido, la reflexión no solo se enfoca en las dificultades, sino en las potencialidades que pueden fortalecer procesos de desarrollo con identidad, dignidad y justicia social.
La pastoral social fronteriza retoma así un camino construido hace más de 15 años, en el que se abordaron temas clave como la movilidad humana, la atención a víctimas y el acompañamiento a personas privadas de la libertad. Estos procesos, que en su momento se vieron interrumpidos por diversas circunstancias, hoy resurgen con fuerza y compromiso renovado.
El propósito de este nuevo encuentro es reactivar estas líneas de acción, articulando esfuerzos entre Iglesia, Estado y sociedad civil, para responder de manera integral a las realidades de las comunidades locales, migrantes y población flotante que transita entre Colombia y Ecuador.
Tal como lo expresó el director de Pastoral Social de Ipiales, el presbítero Diego Meza, este encuentro representa una oportunidad para reconstruir tejido social, fortalecer la cooperación binacional y reafirmar el compromiso con una frontera más humana, solidaria e incluyente.



