Hoy último día de Carnaval de Negros y Blancos

El Carnaval de Negros y Blancos en Pasto y el sur de Colombia entrelazan en

todas sus expresiones a identidad triétnica (indígena, africana e hispana).

Y, aunque el Carnaval  es una vivencia universal, lo componen sus propias

singularidades; “lo mítico, lo sagrado, lo profano, la fiesta y el rito se conjugan en

una unidad con múltiples expresiones para cada pueblo” Dos componentes se intercalan durante el último día de la fiesta grande: el juego de blancos y el desfile magno. “original juego de blancos”, con su matriz de caras enharinadas, nubes de talco,

máscaras y confeti. La otra es el monumental desfile de comparsas y carrozas

que llena las horas, con impactos de asombro y millonario derroche de

serpentinas”.

El Juego de Blancos

La primera hazaña sobre el juego de blancos se remonta al año de 1912, según la

narración del periodista Héctor Bolaños Astorquiza (q. e. p. d.) al referir que, en la mañana del día de Reyes, el sastre Ángel María López, en compañía de su amigo Maximino Erazo y dos trabajadores de la sastrería de don Ángel Zarama, se tomaban unos aguardientes en el estanco de las Robby, ubicado en la carrera 25, por esos días, la Calle Real.

El relato sostiene que una de las señoritas de la cantina pasó al espejo a peinarse

y a empolvarse la cara con una motita de algodón. Don Ángel se dio sus modos y

tomó “la motita de polvera, la hundió en la suave fragancia de los polvos y, sobre

la renegrida cara de su camarada de farra con quien había jugado negritos el día

anterior, aplicó el golpecito pícaro, diciendo: ¡Que viva el negrito y que viva el

blanquito!”

Se dice que Don Ángel y sus compañeros compraron la cajita de polvos

perfumados de las Robby para repetir entre ellos la empolvada y, camino a la

Plaza Grande, fueron jugando por la Calle Real, gritando el sonsonete: ¡Vivan los

Blancos! ¡Viva el seis de enero! Es así que la historiadora Lydia Inés Muñoz (1998)

señala que el primer juego de blancos en Pasto surgió como fruto de un gesto

espontáneo y feliz de los ingeniosos sastres de 1912.

De acuerdo a lo anterior, y según el relato del también periodista Neftalí Benavides

(conocido como Kar. A. Melo), en los años 20 el juego de blancos ya tenía

presencia notoria en la fiesta de Reyes, con participación de cuadrillas, cabalgatas

y carros alegóricos que se entremezclaban “con la procesión religiosa, los rezos y

los cánticos” que se confundían con “la algarabía, el talco, el confeti y la

serpentina”

El uso del cosmético blanco para pintarse el rostro, el polvo perfumado, el confeti

multicolor y la serpentina, muy tradicionales en el juego de blancos durante

épocas de antaño, se fueron transformando con el paso del tiempo. También ha

sido recurrente el uso de máscaras, caretas y antifaces para “enigmatizar el juego

y defenderse mejor, o para trajinar de incógnito… pero, ante todo, para suscitar la

alegría y mantener el espíritu de la fiesta legendaria”.

En nuestros días, los participantes del juego de blancos que salen a la calle el 6

de enero son blanqueados con talco, harina y espuma, vivenciando, con alegría y

efusividad, la magia de un ritual que motiva a familiares, amigos y moradores a la

participación y goce sin exclusión alguna. En este día de la fiesta, la alegría es

portadora de calidez humana, con la que se convida a los espectadores a ser

partícipes del juego, el desdoblamiento y la catarsis colectiva.

El Carnaval de Negros y Blancos es esencialmente popular y da pie para

trasgredir las formas, expresiones reguladas y racionalidad establecidas, con buen

sentido del humor y disfrute respetuoso, solidario y pacífico. Las diferencias de

clase o condición social se confunden en el tiempo y el espacio del juego, el goce,

la alegría, la fraternidad y la identidad colectiva.

El Desfile Magno

A finales de 1925, los estudiantes de una Federación compuesta por la mayoría de

centros educativos en Pasto, incursionaban en la organización de su Primer

Reinado Estudiantil. En efecto, la señorita Romelia Martínez Bravo, dama

distinguida de la sociedad pastusa, fue coronada como la primera reina de los

estudiantes el 22 de marzo de 1926 en las instalaciones del Teatro Imperial.

Se dice que este acontecimiento tuvo un festejo que se prolongó por una semana

y allí desfilaron “las primeras carrozas, como “La esfinge”, “La Góndola”, entre

otras (Muñoz, 1998). “Hubo de todo: veladas de teatro, bailes en los clubes,

suntuosos desfiles, ofrendas florales, cabalgatas, carros alegóricos, danzas,

corrida de toros” (Ortega, 1999).

En enero de 1927, refiere la historiadora Lydia Inés Muñoz Cordero (1998) que es

el primer Carnaval del cual se tiene noticia en Pasto. “Se presenciaron desfiles de

autos alegóricos, comparsas y juegos” durante el 5, 6 y 7 de enero. Como primer

carnaval de la época se estableció la “lluvia de flores” para el día 6 de enero y la

“batalla de flores” para el 7 de enero. Hasta ese año, el juego de negros y blancos

se realizó de manera espontánea y libre.

En ese mismo año se puso de moda el Corso de Flores, por la influencia del

festival estudiantil de 1926 y, aunque en los inicios de los años 20 no se hablaba

de carnaval como tal, fue al final de esa década, en 1929, que el entusiasmo de un

grupo de damas y caballeros los hizo ponerse en función de organizar las fiestas

con el “sello de Carnavales”

La llegada de los años 30 trajo consigo no solo advenimientos sociales y

económicos para Pasto y la región, sino que, en esta década, también se despertó

el ingenio de artesanos y campesinos “para organizar comparsas con trajes típicos

de la región y con caras pintadas”, danzando en las calles los días de Navidad y

Año Nuevo. En esta misma época nace el “Día de los años viejos”, se mantiene el

5 de enero como el “Día de los negritos”, hay corrida de toros y se les ocurre

realizar el reinado de los feos en el Teatro Imperial.

En relación a los desfiles, las enormes y vistosas esculturas en papel encolado se

fueron convirtiendo en el centro de atención de las fiestas, especialmente en el

desfile del 6 de enero, convirtiéndose en el de “mayor significación por el desfile

de las carrozas, un verdadero derroche de grandeza y de color” (Zarama, 1999).

En la década de los 50, el Maestro Alfonso Zambrano (q. e. p. d.) fue el iniciador

de las carrozas de figuras con movimiento, junto al Maestro Rogelio Argote,

imprimiéndole espectacularidad al desfile del 6 de enero y generando la ovación

de propios y visitantes.

La evidente transformación de los motivos, técnicas y estilos en cada expresión y

modalidad carnavalesca, realza la creación y expresión de artesanos, artistas y

cultores, orgullo de los pastusos y nariñenses por su legado creativo, artístico,

manual, artesanal y cultural que se va transmitiendo de una generación a otra. En

cada obra o manifestación del Carnaval de Negros y Blancos se incorporan

elementos representativos, míticos, religiosos y costumbristas, sin descartar los

nuevos aportes simbólicos, estéticos y propuestas libres.

A partir del año 2004, Corpocarnaval (persona jurídica civil de derecho privado de

participación mixta, sin ánimo de lucro), como empresa encargada de la

planeación, organización, ejecución y salvaguardia del “Carnaval de Negros y

Blancos de Pasto”, se encarga del proceso de convocatoria, selección,

organización, capacitación y promoción de los y las participantes de las diferentes

modalidades establecidas (disfraces individuales, murgas, comparsas, carros

alegóricos y carrozas) que concursan el 6 de enero.

1. Disfraz Individual: Creación artística de un solo participante donde el

mascarón constituye el 60 % y los elementos complementarios, como

vestuario y maquillaje, el 40 %, se interpreta con gestos y movimientos,

transmitiendo historias o emociones, se sostiene con arnés y cuenta con

dos acompañantes (asistente y portador del letrero). En este lo esencial es

la creatividad y el impacto visual.

2. Murga: Agrupación musical que interpreta repertorio regional, nacional o

universal y los músicos desfilan a pie con vestuario carnavalesco.

Categorías:

– Metales y maderas: trompetas, trombones, saxofones, clarinetes,

percusión.

– Fuelles y cuerdas: acordeones, violines, guitarras, voces y percusión.

– Instrumentos andinos: quenas, zampoñas, sikus, rondadores,

bombos y otros, elaborados en materiales orgánicos.

3. Comparsa: Conjunto de 4 figuras alegóricas con valor narrativo elaboradas

en arcilla, icopor, papel encolado, yeso y pintura. Se portan al hombro con

arnés y pueden contar con un máximo de 15 participantes (cargadores,

animadores, acompañantes). Incluye vestuario temático y gestos teatrales

para interactuar con el público.

4. Carro Alegórico: Va montado sobre un vehículo de carga (máx. 4.5

toneladas). Son esculturas que representan mitos, leyendas o escenas

históricas. Su estructura está realizada en una plataforma de madera, con

figuras al frente, laterales y un cierre escenográfico. Puede incluir jugadores

en la plataforma o en el suelo animando al público, quienes usan un

vestuario acorde a la temática.

5. Carroza: Escenografía monumental sobre vehículo de carga protagonizada

por figuras centrales de gran tamaño, acompañadas de representaciones

menores y bastidores laterales. Emplea técnicas tradicionales, como barro,

empapelado, tallado, pintura y ornamentación. Los participantes que van en

la carroza y en el piso animan la puesta en escena. La temática es libre:

mitos, leyendas, personajes o pasajes históricos.

Las propuestas por modalidad que participan en el desfile magno del 6 de enero,

son acreditadas previamente por Corpocarnaval a partir de un proceso de

selección, evaluación y concertación de Reglamento. Corpocarnaval otorga

estímulos a la calidad (aportes económicos) a las propuestas acreditadas, antes

de su puesta en escena el 6 de enero, a fin de apalancar sus proyectos creativos.

El día del desfile magno, los Jurados Evaluadores del certamen seleccionan las

propuestas ganadoras en cada modalidad y se anuncian los resultados.

Posteriormente, el reconocimiento público y entrega de estímulos económicos a

las propuestas ganadoras se realiza en un acto de premiación.

Desde principios de año, murgueros, comparseros y carroceros comienzan a

ingeniar las propuestas que van a presentar el año siguiente; investigan, maduran

las ideas y comienzan a trabajar de forma callada sin revelar mayor detalle. A

mediados de año ya se tienen los proyectos y, durante los últimos meses de cada

año, el trabajo colectivo en talleres, casas, garajes, al igual que los ensayos en

parques, colegios y calles es imparable, hasta culminar cada detalle del motivo

alegórico, expresión o personaje con la que participarán en el desfile magno del

Carnaval de Negros y Blancos, proclamado por la Unesco como Patrimonio

Cultural Inmaterial de la Humanidad, el 30 de septiembre del 2009.

En las fiestas del 6 de enero son infaltables las verbenas populares en tablados,

plazas y calles de la ciudad, donde agrupaciones locales y regionales, artistas

nacionales e internacionales ponen a bailar y a gozar a pastusos, nariñenses y

turistas, en medio del juego y la algarabía de la festividad popular más anhelada

del año. “Todos inmersos en la multitud participan del legendario rito embriagador

de refundirse en medio del bullicio de la gente, del sentir de un pueblo” (Guerrero,

2017).

100 años del Corso de Flores

Fue el primer desfile formal y masivo de la ciudad de Pasto como parte de las

celebraciones de año nuevo, donde cientos de personas se reunían para

presenciar muestras plásticas y artísticas cautivadoras. Organizado por

estudiantes de la Universidad de Nariño y la Normal de Varones, este evento se

realizó por primera vez en el año 1926 y se extendió hasta 1939. En su primera

edición tuvieron protagonismo figuras como la Reina Romelia I en su carroza con

forma de mariposa, la Banda del Regimiento Boyacá, una representación del

Ferrocarril de Nariño, un carro alegórico llamado “La Esfinge”, entre otros.

El Corso de Flores se constituye como un antecedente fundamental en la

consolidación del Carnaval de Negros y Blancos de Pasto en su expresión actual,

representando un hito en la historia de la ciudad y promoviendo en gran medida el

enriquecimiento de la identidad cultural local.