Si hacemos un listado de las cualidades que nos gustaría encontrar en otras personas o mejor aún, que nos gustaría poseer, seguramente enunciaremos la “honestidad”, porque garantiza confianza, seguridad, respaldo, confidencia, en una palabra, integridad.
Cuando alguien confía en nosotros, debemos cuidar siempre no defraudar ni perder esa confianza. Porque perder la confianza y defraudar es algo muy decepcionante. Cuando los padres confían en sus hijos, los hijos confían en sus padres, la mujer en el hombre, la esposa en el esposo; cuando se confía en la autoridad, se tiene el deber de ser honesto, pero para ser honesto se necesita ser sincero, primero con uno mismo y después con los que confían en uno.
Para ser honesto, hay que reconocer las propias limitaciones y aceptar los propios errores. De esa forma también se irá madurando. Si se madura se ira siendo cada vez más coherente en las ideas y las acciones.
Ser honesto es actuar de la misma forma cuando estás en medio de mucha gente que cuando no tienes a nadie al lado. Es una conciencia en paz.
Mentir es un acto de deshonestidad, una mentira pone en duda todas las verdades. Mentir lleva a que con el tiempo se descubran todas las falsedades de la persona. Para lograr la confianza del individuo, es necesario ser honesto, porque no olvidemos que después de la primera mentira toda verdad se convierte en duda. Y cuando se miente con frecuencia se llega a creer que la mentira es la verdad.
Si queremos ser honestos, debemos empezar por enfrentar con valor nuestros defectos y buscar la manera más eficaz de superarlos, con acciones que nos lleven a mejorar todo aquello que afecta a nuestra persona y como consecuencia a nuestros semejantes, rectificando cada vez que nos equivocamos y cumpliendo con nuestro deber en todas las labores que se nos encomiendan, sin hacer distinción alguna.
Son los padres de familia quienes, con su ejemplo, enseñan a vivir este valor tan necesario para una buena relación familiar y social. Si ellos son honestos tendrán autoridad moral para exigir a sus hijos una buena conducta.
Honestidad significa no tener nada que ocultar. La honestidad no está en las palabras y discursos, sino en las actitudes.
El hombre honesto no es corrupto, es una persona íntegra, que dice la verdad, que no se guía por la mentira, que no se enriquece a costa de otros, que no vive en la injusticia. Desafortunadamente en Colombia hoy en día cuesta mucho trabajo ser honesto por el ambiente de corrupción en el que vivimos, que alienta y premia la deshonestidad.

