Por: Jaime Goyes Andrade
Después del fallecimiento de mi madre hace cinco años, no había sentido un dolor tan grande de ver partir a un ser querido.
Mi compañera de vida, mi hermosa esposa ha partido de este mundo a una edad muy joven, dejando un gran vacío en mi corazón.
En estos momentos no encuentra uno las palabras precisas para describir lo que se siente, el ver partir a mi esposa ha sido un momento muy doloroso, que quedará grabado para siempre en mí ser.
Con mucha resignación y fortaleza se debe seguir adelante, más aún cuando sé que debo continuar con paso firme en este camino para sacar adelante a mi pequeña hija.
Ahora ya son dos ángeles en el cielo que cuidan de nosotros y tengo la certeza que desde arriba seguirán protegiéndonos y guiándonos.
Te amo y te amaré siempre mi esposita y nunca olvidaré todos tus consejos, enseñanzas, los cuales seguiré cumpliendo cabalmente.
En el altar te juré lealtad, amor, comprensión, respeto y que te cuidaría siempre y me queda la gran satisfacción de que cumplí con todo.
Con profunda tristeza hoy te despido, pero con la convicción de que vas directamente al cielo por haber sido un gran ser humano que siempre se merecía lo mejor.
Puedes irte tranquila por tu gran papel como madre, como esposa, como hija, como hermana, como tía, como amiga, porque siempre te preocupaste porque todos estuviéramos bien.
Desde el cielo serás mi guía para sacar adelante a nuestra hermosa hija y cumplir todos nuestros sueños y metas que nos propusimos y a quien cuidaré toda mi vida para que sea muy feliz siempre.
Te amo mi esposita, nunca pensé que te irías tan temprano, pero así lo quiso Dios, él te llevó para que desde el cielo puedas cuidarnos hasta la eternidad.
Hasta siempre amada mía, nunca te olvidaré, siempre quedarán grabados en mi todos los buenos momentos que vivimos juntos, tu hermosa sonrisa, tu don de gente, tu carisma, tu preocupación por los demás, tratando siempre de que todos estuvieran bien y tu forma excepcional de trabajar y conseguir que todo sea cada vez mejor.
Te amo y te amaré siempre. Dios te tenga en su santo reino y brille para ti la luz perpetua.
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