Kane llega a cuartos como el máximo goleador del torneo y silencia a todos los que dudaban de él
A sus 33 años y en lo que podría ser su último gran Mundial, Harry Kane está protagonizando la Copa del Mundo de su vida. Seis goles en cinco partidos lo convierten en el máximo artillero del torneo junto a Mbappé, superando su propio récord de cuatro goles en Rusia 2018 cuando ganó la Bota de Oro. Lo más impresionante es la variedad de sus tantos: goles de cabeza, definiciones dentro del área, penales con una frialdad absoluta y el instinto de aparecer siempre en el momento exacto que necesita su equipo. Ante México en el Azteca marcó el 3-1 con una definición de primera intención que silenció a 87,000 aficionados y demostró por qué es considerado uno de los mejores delanteros de su generación.
Lo que hace especial este Mundial para Kane va más allá de los goles: es la primera vez en su carrera que llega a cuartos de final de una Copa del Mundo, el escenario soñado que nunca había podido alcanzar pese a ser el máximo goleador histórico de la selección inglesa. En el Bayern Múnich lleva años siendo el mejor delantero de la Bundesliga sin ganar títulos, y este Mundial representa la oportunidad perfecta de llenar el único hueco grande de su palmarés. Con Noruega esperando en Miami y Haaland como rival en el duelo individual más esperado de cuartos, Kane llega en el mejor momento posible para protagonizar otra noche grande con la camiseta de los Tres Leones y seguir construyendo la leyenda de un jugador que tardó en brillar en los Mundiales pero que ahora no puede parar de hacerlo.

