Durante la madrugada del jueves, Rusia lanzó una ofensiva masiva contra Ucrania, centrando sus ataques en infraestructuras críticas del sistema energético nacional. Misiles de crucero y drones kamikaze iraníes impactaron en diversas regiones, entre ellas Kiev, Zaporiyia y Dnipropetrovsk, causando apagones, interrupciones en el suministro de gas y la muerte de un niño de siete años. Este ataque, uno de los más grandes desde el inicio de la invasión, dejó a más de un millón de personas sin electricidad y afectó gravemente la red energética del país.
El Ministerio de Energía ucraniano confirmó daños significativos en varias centrales eléctricas, mientras los equipos de emergencia trabajaban sin descanso para restablecer el servicio. En respuesta, Rusia afirmó que los bombardeos estaban dirigidos contra infraestructuras vinculadas al complejo militar-industrial ucraniano, calificándolos como una operación de represalia. Sin embargo, las autoridades de Kiev denunciaron que se trató de un ataque deliberado contra la población civil, con el objetivo de usar el invierno como arma de guerra.
El presidente Volodímir Zelenski condenó la ofensiva y pidió a Europa acelerar el uso de los activos rusos congelados para financiar la defensa y reconstrucción de Ucrania. Además, agradeció la ayuda inmediata de Polonia, que ofreció generadores, energía adicional y acceso a su terminal de gas natural. La Comisión Europea, por su parte, anunció que trabaja en un préstamo de 140.000 millones de euros financiado con fondos rusos bloqueados, lo que refleja un creciente apoyo internacional hacia Kiev en medio de la crisis energética.
Mientras tanto, Rusia aseguró haber derribado 32 drones ucranianos sobre su territorio y acusó a Ucrania de perpetrar más de mil ataques contra la región ocupada de Zaporiyia, con un saldo de 51 civiles muertos. En paralelo, el Kremlin intensificó su retórica militar: Vladímir Putin reconoció que el mundo ya se encuentra en una carrera armamentista nuclear y reiteró que Moscú está preparado para responder a pruebas de este tipo si otros países las realizan.
El conflicto también ha elevado la tensión en Europa del Este. Los países bálticos —Estonia, Letonia y Lituania— han iniciado planes de evacuación masiva ante un posible ataque ruso, mientras la Unión Europea prepara una nueva hoja de ruta de defensa para 2030, centrada en Ucrania como prioridad geoestratégica. En medio de este escenario de creciente hostilidad, la guerra continúa degradando las condiciones humanitarias y energéticas de Ucrania, que enfrenta un invierno incierto bajo el constante asedio de Moscú.

