La guerra entre Rusia y Ucrania volvió a intensificarse con una de las mayores ofensivas con drones registradas contra territorio ruso. Durante la madrugada del domingo 16 de agosto, cientos de drones ucranianos fueron dirigidos contra Moscú y otras regiones de Rusia.
Las autoridades rusas aseguraron que sus sistemas de defensa aérea interceptaron cientos de drones. El Ministerio de Defensa de Rusia afirmó haber derribado 822 aparatos durante la ofensiva, mientras que el alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin, informó que alrededor de 600 drones tenían como objetivo la capital y sus alrededores.
El ataque provocó víctimas mortales y daños materiales. En la región de Moscú murió un hombre de 83 años después de que un almacén de la empresa Wildberries, ubicado cerca de Podolsk, fuera alcanzado. También se registraron daños en otras instalaciones de la zona, incluida un área cercana al aeropuerto de Domodédovo.
La ofensiva no se limitó a Moscú. Rusia informó de víctimas en otras regiones, entre ellas Rostov y Bélgorod. En total, los reportes iniciales señalaron al menos seis muertos por los ataques ucranianos, aunque las cifras fueron actualizándose durante la jornada.
Según las autoridades rusas, algunos de los ataques tuvieron como objetivo instalaciones relacionadas con actividades económicas y logísticas. Ucrania ha incrementado en los últimos meses sus ataques de largo alcance contra infraestructuras que considera vinculadas con la capacidad militar rusa.
Al mismo tiempo, Rusia lanzó nuevos ataques contra territorio ucraniano. Varias ciudades fueron afectadas por misiles y drones, dejando muertos y heridos y provocando daños en infraestructura. En Kryvyi Rih, por ejemplo, se registraron víctimas y daños en instalaciones industriales.
La nueva escalada demuestra cómo ambos países continúan ampliando el uso de drones y armas de largo alcance mientras la guerra entra en una etapa de fuertes ataques contra objetivos situados lejos de las líneas del frente.
El enfrentamiento también generó preocupación fuera de Ucrania y Rusia. Un avión de combate español de la OTAN derribó un dron que había ingresado al espacio aéreo de Rumania, un incidente que aumentó la tensión en los países vecinos del conflicto.
Los ataques evidencian que, pese a los esfuerzos diplomáticos para buscar una salida al conflicto, la guerra continúa marcada por ofensivas aéreas cada vez más intensas y por el creciente uso de drones para atacar objetivos estratégicos a larga distancia.



