Aníbal Arévalo Rosero
Gualmatán es un municipio ubicado en el sur del departamento de Nariño, sobre la cordillera occidental de Los Andes. En su jurisdicción se encuentra un importante ecosistema, como es el valle de los Frailejones, que a su vez está emplazado en el Páramo de Paja blanca, con cobertura en varios municipios de la zona. El páramo es una importante fuente hídrica. Sus habitantes, económicamente, dependen de la agricultura y la ganadería como todos los municipios de la región. Lo que los hace diferentes a los demás es su espíritu festivo, su carácter vivaz y el profundo amor por sus tradiciones.
Hemos sido testigos directos de una de las tradiciones más auténticas que se vive en el sur del departamento de Nariño. Como en todas las festividades que se viven en Latinoamérica, esta también tiene sus orígenes en la fe católica que se combina con las expresiones auténticas de los pueblos originarios como los Quillacingas. Luego con la presencia de las hordas incaicas que hicieron presencia con la gobernanza de Huayna Capac. Tiempos en los cuales ya se desarrollaba La Conquista por parte de los invasores españoles.
Según la leyenda, en 1611, la aparición de Cristo Crucificado a unos campesinos que buscaban una res que se les había extraviado lleva a vivir el asombro de los pobladores. Fue un motivo para que la población de la zona organizara romerías a la vereda Arrayanes y procedieran a erigir la primera capilla en el lugar y se fundó el primer caserío de lo que hoy es Gualmatán.
En 1970 el padre Manuel Hormaza organiza el desfile histórico en el que se ven reflejadas todas las costumbres y modo de vida de los gualmatenses. Recoge todos los capítulos y episodios que se han vivido desde la época precolombina, la presencia incaica, los momentos vividos con los conquistadores españoles como Sebastián de Belalcázar. Todos estos episodios históricos se recrean en el Desfile Histórico de Gualmatán, el cual llegó a su versión 57 con el entusiasmo y la alegría de vivir episodios que mantienen unida a una comunidad.
Aquí no hay nada que sea confeccionado para el momento, es autenticidad pura. Es la sonrisa natural de hombres y mujeres que celebran una boda, el bautizo, el enteje, el enchacle. Para ello no necesitan disfraces: son tejas de barro cocido con las que representan la parte final de la construcción de una vivienda, para ello acuden todos los vecinos de la vereda o del pueblo y se convierte en toda una celebración con chicha y comidas. El enteje es por tradición en nuestros pueblos la señal de triunfo, de haber logrado un propósito y la bendición a quienes la van a habitar.
No menos atractivo resulta la representación de la hechura de las tapias de tierra; para ello, unos peones van trabajando con unos pisones para afirmar la tierra, mientras que otros van rellenando los cajones o tapiales para ir dándole forma a este modo de construcción tan tradicional en nuestros campos y pueblos de Nariño. Es una tradición que se niega a desaparecer, pues en pueblos como Gualmatán todavía se emplea esta forma de edificar las casas o la división de predios. Lo que sí se puede garantizar es que duran para toda la vida.
Todas las vivencias de nuestras comunidades son representadas en El desfile histórico de Gualmatán (o casi todas). Lo cierto es que el número de estampas cada año crece. En esta última versión participaron 59, y el año anterior fueron 53. Lo que se encuentra en este desfile es folclor, música campesina e historia. El público se dispone desde muy temprano a apreciar no un espectáculo, sino la vida natural de nuestros pueblos; naturaleza viva, descendientes de nuestros pueblos originarios. Cuy, chicha, maíz, ullucos, papa, ocas, habas…
Nos desconcierta que en una estampa de aguateros presentaron unas tinajas que no eran auténticas, sino elaboradas con icopor. Siendo una fiesta Patrimonio del Departamento de Nariño, no se puede permitir que el desfile histórico se contamine con elementos extraños.

