Groenlandia vuelve al centro de la disputa geopolítica tras nuevas declaraciones de Trump

El interés de Estados Unidos por Groenlandia ha regresado con fuerza al debate internacional luego de que el presidente Donald Trump reafirmara su intención de que Washington ejerza control sobre la isla, alegando motivos de “seguridad nacional”. Sus palabras han reavivado las tensiones con Dinamarca y han generado preocupación en varios países europeos por las implicaciones estratégicas y jurídicas de estas aspiraciones.

“Estados Unidos necesita Groenlandia para garantizar su seguridad; Dinamarca no puede hacerlo”, afirmó Trump recientemente. A estas declaraciones se sumaron gestos simbólicos desde su entorno: una imagen difundida en redes sociales por Katie Miller mostraba un mapa de Groenlandia con los colores estadounidenses, mientras que su esposo, Stephen Miller, alto funcionario de la Casa Blanca, cuestionó públicamente la legitimidad del dominio danés sobre la isla, incluso poniendo en duda la base legal de esa soberanía.

La respuesta desde Copenhague y otras capitales europeas no se hizo esperar. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, reiteró que Groenlandia no está en venta y recordó que sus autoridades y su población han manifestado en repetidas ocasiones que no desean integrarse a Estados Unidos. Frederiksen advirtió además que las palabras de Trump deben tomarse en serio, dada su insistencia en el tema.

Una isla inmensa y poco poblada
Groenlandia es el territorio insular más grande del planeta, con una superficie de más de dos millones de kilómetros cuadrados, similar a la de países como México o Arabia Saudí. Sin embargo, su población ronda apenas las 60.000 personas, en su mayoría inuit, concentradas en pequeños asentamientos costeros y en la capital, Nuuk.

Aunque forma parte del Reino de Dinamarca, Groenlandia goza de un amplio grado de autonomía desde 2009. Su gobierno local gestiona la mayoría de los asuntos internos, mientras que la política exterior y de defensa sigue bajo responsabilidad de Copenhague.

El deshielo y la nueva carrera por el Ártico
La posición geográfica de Groenlandia, entre el Atlántico Norte y el Océano Ártico, la convierte en una pieza clave del tablero global. Cerca del 80 % de su territorio está cubierto por hielo, pero el calentamiento global está reduciendo progresivamente esa capa, facilitando el acceso al interior de la isla y abriendo, de forma intermitente, nuevas rutas marítimas en el Ártico.

Este fenómeno ha despertado un creciente interés internacional, tanto por las posibles ventajas comerciales de nuevas vías de navegación como por el acceso a recursos naturales que hasta ahora eran difíciles de explotar.

Recursos estratégicos y valor militar
En el subsuelo groenlandés se encuentran minerales considerados críticos para la economía y la industria tecnológica, como tierras raras, uranio, además de petróleo, gas, níquel, cobre, oro y grafito. No obstante, el gobierno autónomo de la isla ha limitado la explotación de varios de estos recursos por razones ambientales.

Trump ha restado importancia a este aspecto y sostiene que el verdadero interés de Estados Unidos es estratégico. En este contexto, Washington mantiene desde la Guerra Fría una presencia militar en Groenlandia. La base aérea de Thule, hoy conocida como Pituffik Space Base, es un componente esencial del sistema estadounidense de alerta temprana ante misiles y de vigilancia espacial, debido a la cercanía del Ártico con Eurasia, Rusia y China.

Una ambición con raíces históricas
El deseo estadounidense de adquirir Groenlandia no es nuevo. Ya en el siglo XIX, tras la compra de Alaska, se barajó la posibilidad de anexar la isla. Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos asumió su control de facto para evitar que cayera en manos nazis, aunque luego la devolvió a Dinamarca. A lo largo del siglo XX, la idea reapareció ocasionalmente en círculos políticos y de seguridad.

Fue Trump quien la sacó nuevamente a la luz durante su primer mandato, provocando un choque diplomático en 2019 cuando sugirió abiertamente comprar Groenlandia. Al iniciar su segundo periodo presidencial, en 2025, fue aún más lejos al no descartar el uso de presión económica o incluso la fuerza.

La posición de Dinamarca
Dinamarca sostiene su soberanía sobre Groenlandia en bases históricas y jurídicas sólidas. Colonizó la isla en el siglo XVIII y su dominio fue reconocido internacionalmente, entre otros, por un fallo del Tribunal Permanente de Justicia Internacional en 1933. Además, Groenlandia mantiene una fuerte dependencia económica de Copenhague.

Por ahora, la firme negativa danesa y la oposición de la propia Groenlandia chocan frontalmente con las ambiciones de Trump, dejando abierta una disputa que, más allá de la retórica, refleja la creciente competencia global por el control del Ártico y sus recursos estratégicos.