Grêmio sale a La Paz a recordarle al continente que sigue siendo uno de los grandes del fútbol sudamericano
Hay algo que ninguna crisis de Brasileirao puede quitarle al Grêmio: la historia. El club gaúcho tiene en su vitrina una Copa Libertadores ganada precisamente con una victoria en este mismo Hernando Siles en 1983, dos títulos más de la Libertadores y una Copa Sudamericana, un palmarés continental que lo coloca entre los más ganadores de Sudamérica y que esta noche en La Paz pesa como una armadura invisible sobre los hombros de cada jugador que sale al campo con la camiseta tricolor. El Grêmio que llega a Bolivia herido y sin su técnico es el mismo club que ganó en esta cancha hace 43 años cuando nadie apostaba por ellos, y esa memoria histórica es el combustible más poderoso que tiene el vestuario para superar las adversidades de esta noche.
La Copa Sudamericana representa para el Grêmio mucho más que un título: es la llave que abre la puerta a la Copa Libertadores 2027, el torneo donde el club siente que pertenece por historia y tradición. Weverton, que llegó precisamente del Palmeiras para liderar el proyecto de Luís Castro, Pavón en las bandas y Tetê como desequilibrio son los jugadores que deben dar el nivel esta noche en La Paz para mantener viva la serie hasta la vuelta en Porto Alegre. El Grêmio sabe que no llega en su mejor versión, pero también sabe que los grandes clubes tienen la capacidad de encontrar su mejor nivel exactamente cuando más lo necesitan, y esta noche ante Bolívar, con Castro mirando desde el hospital, es exactamente ese momento.


