Científicos reconstruyen la historia de genes vinculados con la expansión de la corteza humana

La genética humana continúa ofreciendo pistas sobre uno de los grandes interrogantes de la evolución: ¿cómo llegó nuestro cerebro a desarrollar una corteza cerebral tan extensa y compleja? Un nuevo estudio publicado en Cell Genomics reconstruyó con un nivel de detalle inédito la historia evolutiva de una familia de genes conocida como NOTCH2NL, un conjunto de secuencias que surgieron a partir de duplicaciones del gen NOTCH2 y que se han relacionado con la expansión de la corteza cerebral humana.

La investigación, dirigida por Taylor D. Real y un amplio equipo de investigadores, utiliza ensamblajes genómicos de lectura larga de humanos y otros grandes simios para analizar regiones del cromosoma 1 que durante años han resultado especialmente difíciles de estudiar. Los resultados no demuestran que un único gen haya «creado» el cerebro humano, pero sí aportan evidencia importante sobre cómo determinadas duplicaciones genéticas pudieron modificar la regulación del desarrollo cerebral durante la evolución del linaje humano.

Un problema evolutivo escondido en el ADN

La expansión del cerebro es una de las características más llamativas de la evolución del género Homo. Los registros fósiles muestran que el volumen endocraneal aumentó considerablemente a lo largo de la evolución humana, aunque los fósiles no permiten observar directamente qué estaba sucediendo en las células que formaban el cerebro de nuestros antepasados.

Para aproximarse a esa pregunta, los científicos recurren a la comparación de los genomas de humanos, grandes simios y otros primates.

El reto es que el genoma humano contiene numerosas regiones duplicadas. Estas secuencias pueden ser extremadamente parecidas entre sí, lo que dificulta determinar exactamente dónde comienza y termina cada copia de un gen y cuáles son sus diferencias.

Una de esas regiones especialmente complejas se encuentra en el cromosoma 1 y contiene los genes de la familia NOTCH2NL. Estas secuencias proceden de duplicaciones segmentarias relativamente recientes en la evolución de los simios y están asociadas con procesos relacionados con el desarrollo de la corteza cerebral.

¿Qué son los genes NOTCH2NL?

NOTCH2NL significa NOTCH2 N-terminal-like. La familia surgió a partir de duplicaciones parciales relacionadas con NOTCH2, un gen perteneciente a una vía de señalización celular muy antigua y fundamental para el desarrollo de numerosos tejidos.

En el cerebro en desarrollo, la vía Notch participa en la regulación del comportamiento de células progenitoras neuronales. Estas células pueden mantenerse como progenitoras, dividirse y posteriormente dar origen a neuronas.

Esto es importante porque la cantidad de progenitores disponibles durante el desarrollo embrionario influye en cuántas neuronas pueden producirse y, por tanto, en la dimensión y organización final de determinadas estructuras cerebrales.

Investigaciones anteriores ya habían demostrado que genes humanos específicos de la familia NOTCH2NL pueden favorecer la permanencia y expansión de progenitores corticales, retrasando en determinadas condiciones su diferenciación inmediata en neuronas. Estudios publicados en 2018 relacionaron estos genes con la regulación de la señalización Notch y con la neurogénesis cortical humana.

El nuevo trabajo no parte de cero. Su principal aportación consiste en reconstruir con mayor precisión cuándo aparecieron estas duplicaciones, cómo se modificaron y qué variaciones existen entre diferentes genomas humanos.

Millones de años de duplicaciones

Uno de los resultados más relevantes es que las duplicaciones relacionadas con NOTCH2NL no aparecieron todas de una sola vez.

El análisis indica que hubo procesos de duplicación independientes en diferentes linajes de grandes simios. En el linaje humano, las copias capaces de codificar proteínas se diversificaron aproximadamente entre 2,2 y 3,7 millones de años atrás.

Ese periodo resulta especialmente interesante porque coincide aproximadamente con una etapa en la que el registro fósil empieza a mostrar cambios importantes en el tamaño endocraneal de los homininos.

Sin embargo, los investigadores son cuidadosos con la interpretación: la coincidencia temporal no significa que NOTCH2NL sea por sí solo responsable del aumento del cerebro. La evolución cerebral fue un proceso complejo en el que intervinieron numerosos genes, regiones reguladoras, cambios en el desarrollo, metabolismo, comportamiento y factores ambientales.

La importancia de NOTCH2NL está en que ofrece una pieza concreta del rompecabezas.

NOTCH2NLA aparece en todos los genomas humanos analizados

El estudio examinó 70 haplotipos humanos y 12 haplotipos de otros simios, utilizando ensamblajes genómicos de lectura larga prácticamente completos. Los investigadores pudieron distinguir varias copias o «parálogos» de NOTCH2NL.

Uno de los resultados más llamativos fue que NOTCH2NLA estuvo presente en todos los haplotipos humanos analizados.

En cambio, otras copias, como NOTCH2NLB y las variantes relacionadas con NOTCH2NLR/C, mostraron una presencia más variable. Algunas diferencias se explican por procesos de pérdida de segmentos o por un fenómeno conocido como conversión génica.

Esto ayuda a comprender que el genoma humano no es una estructura completamente uniforme. Incluso dentro de nuestra propia especie existen diferentes configuraciones estructurales de regiones complejas.

¿Qué es la conversión génica?

La conversión génica es uno de los conceptos clave para entender los resultados.

Cuando dos regiones del ADN son muy similares, una puede utilizarse como molde para modificar la secuencia de la otra. En otras palabras, un fragmento de información genética puede ser transferido entre copias similares sin que necesariamente exista una duplicación completa del cromosoma.

En la familia NOTCH2NL, las copias están ubicadas en regiones con grandes segmentos de ADN muy parecidos. Esto crea oportunidades para que ocurra conversión génica.

El equipo encontró indicios de este proceso en aproximadamente el 28 % de los haplotipos humanos analizados, lo que permitió identificar 11 configuraciones estructurales diferentes de la región estudiada.

Además, los investigadores identificaron una variante que no había sido descrita anteriormente, denominada NOTCH2tv. Esta copia no parece producir una proteína estable y, por ello, no debe interpretarse como otro gen funcional equivalente a los principales NOTCH2NL.

El papel de las células progenitoras de la corteza

Para entender por qué estos genes interesan tanto a los investigadores, hay que mirar el desarrollo del cerebro.

Durante el desarrollo embrionario, las células progenitoras de la corteza generan grandes cantidades de neuronas. Algunas poblaciones progenitoras pueden dividirse de manera que aumentan primero el número de células precursoras antes de producir neuronas.

Este mecanismo permite ampliar el «reservorio» celular disponible para construir la corteza.

En estudios anteriores, la expresión de genes NOTCH2NL humanos se relacionó con una mayor actividad de la vía Notch en células progenitoras corticales. Al reforzar determinadas señales, estas células pueden permanecer durante más tiempo en un estado progenitor y continuar produciendo descendientes antes de diferenciarse.

El efecto resulta especialmente relevante porque una mayor población de progenitores durante el desarrollo puede contribuir a generar una corteza con más neuronas y mayor superficie.

No significa que «más NOTCH2NL = más inteligencia». El desarrollo cerebral depende de una enorme cantidad de procesos coordinados y el tamaño cerebral, por sí solo, no determina las capacidades cognitivas.

La importancia de los elementos reguladores

Una de las partes más novedosas del estudio es que los investigadores no se limitaron a analizar los genes.

También estudiaron las regiones del ADN que podrían controlar cuándo, dónde y cuánto se expresan las diferentes copias de NOTCH2NL.

Para hacerlo utilizaron técnicas de secuenciación de lectura larga y métodos como Fiber-seq, capaces de proporcionar información sobre la accesibilidad de la cromatina y determinados elementos reguladores.

El análisis se realizó también utilizando modelos de desarrollo cerebral en laboratorio, concretamente estructuras derivadas de células humanas que permiten estudiar características del desarrollo del prosencéfalo dorsal.

Los investigadores observaron que las copias más conservadas, especialmente NOTCH2 y NOTCH2NLA, presentan un número elevado de elementos reguladores específicos de cada copia. Estos elementos son candidatos para explicar por qué determinadas copias se expresan de manera diferente a pesar de proceder de secuencias ancestrales muy similares.

En términos sencillos, la evolución no solamente puede modificar las «piezas» que producen proteínas. También puede cambiar los interruptores genéticos que determinan cuándo esas piezas deben activarse.

El descubrimiento también explica parte de nuestra vulnerabilidad genética

La historia de NOTCH2NL tiene una segunda cara.

Las grandes duplicaciones del cromosoma 1 que contienen estos genes son regiones especialmente propensas a reorganizaciones del ADN. Debido a que existen segmentos muy similares, pueden producirse intercambios o recombinaciones incorrectas.

Esto puede generar cambios en el número de copias de determinados segmentos.

La región 1q21.1, donde se encuentran estas duplicaciones, ya ha sido relacionada con alteraciones del desarrollo neurológico. Estudios previos encontraron que cambios en el número de copias de NOTCH2NL y regiones próximas pueden estar asociados con diferencias anormales en el tamaño cerebral, incluyendo microcefalia y macrocefalia.

Por eso, estudiar la evolución de estos genes no solo sirve para comprender nuestro pasado. También puede ayudar a entender por qué determinadas regiones del genoma son particularmente susceptibles a alteraciones.

Un descubrimiento que no apunta a un «gen de la inteligencia»

La noticia puede resultar tentadora para titulares que hablen de «los genes que hicieron inteligentes a los humanos», pero esa interpretación sería incorrecta.

Los investigadores no identificaron un gen único responsable de la inteligencia humana.

Lo que encontraron es evidencia de que una familia de genes surgida mediante duplicaciones relativamente recientes pudo participar en procesos relacionados con la expansión de la corteza cerebral. La corteza humana es el resultado de una red extraordinariamente compleja de genes, regiones reguladoras y mecanismos celulares.

De hecho, otras investigaciones han identificado múltiples genes humanos o específicos de homininos implicados en el desarrollo cortical, entre ellos ARHGAP11B, NOTCH2NL, SRGAP2C y TBC1D3, entre otros.

ARHGAP11B, por ejemplo, es otro caso especialmente estudiado. Experimentos en organoides cerebrales y animales modelo han mostrado que su presencia puede aumentar determinadas poblaciones de progenitores basales y producir características asociadas con una corteza más extensa.

Esto refuerza una idea fundamental: la expansión cerebral humana probablemente surgió de la interacción de múltiples cambios evolutivos, no de una única mutación milagrosa.

¿Qué significa entonces para la evolución humana?

El nuevo estudio permite reconstruir una historia mucho más dinámica de nuestro genoma.

Las duplicaciones no fueron simplemente copias idénticas que permanecieron intactas durante millones de años. Algunas se conservaron, otras cambiaron, algunas perdieron segmentos y otras intercambiaron material genético.

Con el tiempo, estas modificaciones pudieron producir diferencias en la expresión y función de genes relacionados con el desarrollo.

En el caso de NOTCH2NL, la evidencia apunta a un proceso en varias etapas:

duplicación → divergencia → cambios estructurales → regulación diferencial → posible impacto en el desarrollo cortical.

Esta secuencia es importante porque muestra cómo la evolución puede generar innovación a partir de material genético que ya existía.

En lugar de inventar completamente un gen desde cero, el genoma puede duplicar una secuencia existente y, con el paso de las generaciones, una de las copias puede adquirir nuevas funciones o patrones de regulación.

La tecnología que permitió mirar donde antes era difícil

Una de las razones por las que este estudio resulta especialmente importante es tecnológica.

Las regiones duplicadas del genoma han sido históricamente difíciles de secuenciar y ensamblar. Las tecnologías tradicionales de lectura corta pueden tener problemas para distinguir entre secuencias casi idénticas.

Las lecturas largas permiten abarcar segmentos mucho mayores de ADN y conectar regiones que antes aparecían fragmentadas o ambiguas.

El equipo utilizó ensamblajes de lectura larga de decenas de genomas humanos y de grandes simios, lo que permitió estudiar la estructura de estas duplicaciones con una resolución considerablemente mayor.

La investigación también se benefició de los avances recientes en la construcción de genomas de referencia más completos. El desarrollo de ensamblajes de extremo a extremo y de proyectos de secuenciación de genomas de grandes simios está permitiendo estudiar regiones que durante años fueron prácticamente inaccesibles.

Una pieza más del origen del cerebro humano

El aumento del tamaño cerebral fue uno de los grandes cambios de la evolución del género Homo. Estudios de antropología y paleoneurología muestran un incremento progresivo de la encefalización a lo largo de millones de años, acompañado por modificaciones en la forma del cráneo y, presumiblemente, en la organización del cerebro.

Pero el tamaño no cuenta toda la historia.

La evolución del cerebro humano también involucró cambios en la distribución de las neuronas, la organización de las capas corticales, la conectividad, los periodos de desarrollo y la regulación de numerosos genes.

Los genes NOTCH2NL encajan precisamente en uno de estos procesos: la regulación de las células que construyen la corteza durante el desarrollo.

Por eso, más que identificar «el gen que hizo humano al ser humano», la investigación ayuda a revelar cómo pequeñas modificaciones acumuladas en nuestro genoma pudieron cambiar la manera en que se construye el cerebro.

Una historia evolutiva todavía incompleta

A pesar del avance, quedan numerosas preguntas abiertas.

Los investigadores todavía necesitan determinar con precisión qué funciones específicas tiene cada una de las copias de NOTCH2NL, cómo interactúan entre ellas y cuáles de sus diferencias reguladoras tuvieron verdadera importancia durante la evolución.

También es necesario comprender hasta qué punto los cambios en estas regiones contribuyeron al aumento del tamaño cortical y hasta qué punto fueron consecuencia de otros procesos evolutivos.

La dificultad aumenta cuando se considera que la evolución humana no ocurrió de manera lineal. Nuestros antepasados pertenecieron a múltiples poblaciones y especies de homininos que se separaron, coexistieron y, en algunos casos, intercambiaron genes.

Por ello, reconstruir el origen de características humanas complejas requiere combinar genética, paleontología, antropología, neurociencia y biología del desarrollo.

El verdadero significado del hallazgo

La principal conclusión del estudio no es que los científicos hayan encontrado una explicación definitiva para la inteligencia humana.

Es algo más interesante: han podido reconstruir con mucho mayor detalle una parte de la arquitectura genética que apareció durante la evolución de los homininos y que está vinculada con el desarrollo de la corteza cerebral.

Las duplicaciones de NOTCH2NL se produjeron durante un periodo clave de la evolución de los simios y del linaje humano. Algunas copias se volvieron características de los humanos, otras permanecieron variables y varias fueron modificadas por procesos como la conversión génica.

Además, el estudio demuestra que estas regiones contienen elementos reguladores que pueden ayudar a determinar cómo se expresan los genes durante el desarrollo cerebral.

En conjunto, estos resultados fortalecen la idea de que la evolución del cerebro humano no dependió únicamente de cambios en genes individuales, sino también de duplicaciones, reorganizaciones del ADN y modificaciones de los mecanismos que controlan la expresión genética.

La investigación publicada en Cell Genomics representa, por tanto, una nueva pieza en una pregunta que todavía está lejos de resolverse: cómo una serie de cambios acumulados durante millones de años terminó produciendo la extraordinaria complejidad del cerebro humano.

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