Una nueva cohorte de profesionales y ciudadanos se prepara para afrontar los desafíos que plantea la gestión sostenible del recurso hídrico.
La protección del agua ya no depende únicamente de las obras de infraestructura o de las acciones de las empresas de servicios públicos. También requiere conocimiento, formación y participación ciudadana para enfrentar los desafíos ambientales que afrontan los territorios.
En Pasto, esta apuesta por la educación ambiental tomó un nuevo impulso con el lanzamiento de la octava cohorte del Diplomado en Gestión Integral del Recurso Hídrico con énfasis en Gestión Socioambiental, un proceso académico orientado a fortalecer las capacidades de quienes trabajan o tienen interés en la protección y manejo del recurso hídrico.
El programa es desarrollado por Empopasto en alianza con la Universidad Mariana y busca que sus estudiantes amplíen sus conocimientos sobre la gestión del agua desde una perspectiva integral, en la que confluyen aspectos ambientales, sociales y territoriales.
La formación adquiere especial relevancia en un contexto marcado por la variabilidad climática, la presión sobre las fuentes de abastecimiento y la necesidad de avanzar hacia modelos que permitan garantizar la disponibilidad del agua en el futuro.
Más allá de aprender sobre el recurso hídrico, este tipo de procesos pretende generar agentes con mayor capacidad para comprender los problemas ambientales de sus territorios y participar en la búsqueda de soluciones.
La conservación de las fuentes de agua, la protección de los ecosistemas y el uso responsable del recurso requieren precisamente de comunidades informadas y con herramientas para tomar decisiones.
La nueva cohorte también representa una oportunidad para fortalecer la articulación entre instituciones y sectores de la sociedad alrededor de un propósito común: promover una gestión del agua que tenga en cuenta tanto las necesidades actuales de la población como la responsabilidad de conservar los recursos naturales para las próximas generaciones.
El reto, en adelante, será llevar ese conocimiento del aula al territorio y convertir la formación en acciones concretas de protección ambiental.
Porque cuidar el agua no comienza solamente en una planta de tratamiento o en una fuente abastecedora. También comienza con ciudadanos que conocen su territorio y entienden la responsabilidad que tienen frente a él.

