Países Bajos avanza en la búsqueda de alternativas al uso tradicional de fertilizantes minerales. Una investigación desarrollada por Wageningen Environmental Research estudió fertilizantes biológicos elaborados a partir de nutrientes recuperados de estiércol animal y encontró que pueden alcanzar una eficacia agronómica comparable a la de algunos fertilizantes minerales, al tiempo que abren nuevas posibilidades para reducir la dependencia de insumos sintéticos y aprovechar nutrientes dentro de sistemas agrícolas circulares.
La investigación forma parte del proyecto Biobased Fertilisers Achterhoek, una iniciativa desarrollada en la región de Achterhoek y respaldada por el programa neerlandés relacionado con la Directiva de Nitratos de la Unión Europea. El programa de seguimiento científico se desarrolló entre 2018 y 2021, con ensayos de campo, parcelas demostrativas y evaluaciones de los riesgos asociados con la lixiviación de nitrógeno.
Aunque en ocasiones se habla de «emisiones de nitrato», el fenómeno estudiado se refiere principalmente a la lixiviación de nitratos: el movimiento del nitrato presente en el suelo hacia capas más profundas y, posteriormente, hacia las aguas subterráneas. Esta diferencia es importante porque el problema no consiste únicamente en lo que se libera a la atmósfera, sino también en la contaminación de los recursos hídricos.
¿Por qué los nitratos representan un problema?
El nitrógeno es fundamental para la agricultura. Los cultivos necesitan este elemento para desarrollar hojas, raíces y frutos y, por esa razón, los agricultores utilizan fertilizantes nitrogenados para complementar los nutrientes disponibles naturalmente en el suelo.
El problema aparece cuando la cantidad de nitrógeno aportada supera la capacidad de absorción de los cultivos.
Una parte del nitrógeno puede transformarse en nitrato y desplazarse con el agua a través del suelo. Si alcanza las aguas subterráneas, puede aumentar las concentraciones de nitrato y dificultar el cumplimiento de los estándares de calidad del agua.
En Países Bajos, el objetivo asociado a la política de nitratos es mantener las concentraciones de nitrato en las aguas subterráneas por debajo de 50 miligramos por litro. Los datos oficiales neerlandeses muestran que el problema continúa siendo relevante, especialmente en determinadas zonas agrícolas y tipos de suelo.
El exceso de nutrientes también puede llegar a las aguas superficiales. Allí, concentraciones elevadas de nitrógeno y fósforo pueden favorecer procesos de eutrofización, alterando los ecosistemas acuáticos y favoreciendo la proliferación excesiva de algas.
Por eso, reducir las pérdidas de nitrógeno es uno de los principales desafíos de la agricultura intensiva.
El experimento de Achterhoek
La investigación neerlandesa se concentró en encontrar una forma de aprovechar nutrientes que ya existen dentro del sistema agrícola.
El proyecto Biobased Fertilisers Achterhoek estudió fertilizantes producidos a partir de nutrientes recuperados de estiércol animal. En particular, se trabajó con concentrados minerales obtenidos del procesamiento de purines de cerdo, que posteriormente podían modificarse mediante la incorporación de otros nutrientes para adaptar su composición a las necesidades de los cultivos.
La idea detrás de este proceso es relativamente sencilla: en lugar de considerar el estiércol únicamente como un residuo que debe gestionarse, sus nutrientes pueden recuperarse y transformarse en productos fertilizantes.
Esto encaja con el concepto de economía circular, en el que los nutrientes procedentes de una actividad agrícola pueden regresar al sistema productivo en lugar de depender exclusivamente de nuevas materias primas para fabricar fertilizantes.
Wageningen Environmental Research realizó diferentes ensayos entre 2018 y 2021, tanto en pastizales como en cultivos de maíz para ensilaje, además de parcelas demostrativas. Uno de los objetivos principales era determinar si estos fertilizantes podían sustituir a los fertilizantes minerales sin incrementar los riesgos ambientales asociados con la pérdida de nitrógeno.
Resultados: una eficacia comparable
Uno de los resultados más relevantes llegó de los ensayos realizados en pastizales.
En el experimento de 2021, los investigadores evaluaron fertilizantes biológicos nitrogenados elaborados a partir de productos derivados de estiércol animal. El estudio concluyó que los productos analizados podían utilizarse como sustitutos de fertilizantes minerales nitrogenados, al presentar una eficacia agronómica suficiente para cumplir esa función.
Los resultados de experimentos anteriores apuntaron en una dirección similar. En el ensayo de pastizal de 2020, por ejemplo, el rendimiento agronómico del fertilizante biológico fue comparable al del nitrato de amonio cálcico, un fertilizante mineral ampliamente utilizado como referencia. Cuando se aplicaron cantidades equivalentes de nitrógeno, el comportamiento ambiental de los productos evaluados también fue comparable.
Esto es importante porque una alternativa sostenible solamente resulta viable para los agricultores si mantiene un nivel de productividad razonable.
No se trata simplemente de utilizar un producto «más ecológico», sino de conseguir que el cultivo reciba el nitrógeno necesario sin generar pérdidas excesivas.
El nitrato no siempre significa que el fertilizante sea peor
Uno de los aspectos más interesantes de la investigación es que el origen del fertilizante no es el único factor que determina las pérdidas de nitrógeno.
También influyen la cantidad aplicada, el momento de aplicación, el tipo de suelo, las condiciones meteorológicas y la capacidad del cultivo para absorber los nutrientes.
Un fertilizante biológico aplicado en una cantidad superior a las necesidades del cultivo podría terminar generando pérdidas de nitrógeno igualmente.
Por eso, los investigadores no plantean simplemente sustituir un fertilizante por otro. La gestión adecuada del nitrógeno continúa siendo fundamental.
Esta cuestión también aparece en investigaciones más recientes. Un estudio de Wageningen sobre fertilizantes biológicos derivados de corrientes procedentes de digestión anaerobia encontró que las emisiones de óxido nitroso de los productos evaluados fueron comparables o inferiores a las registradas con fertilizantes minerales como la urea y el nitrato de amonio cálcico en las condiciones experimentales estudiadas.
¿De dónde salen los fertilizantes biológicos?
El término puede abarcar diferentes productos, pero en el contexto de esta investigación neerlandesa se trata principalmente de fertilizantes obtenidos a partir de recursos biológicos y nutrientes recuperados, especialmente de corrientes derivadas del estiércol.
Durante el procesamiento, es posible separar y concentrar determinados nutrientes. Posteriormente, estos productos pueden mezclarse o complementarse para conseguir una proporción de nutrientes más adecuada para el cultivo.
En el proyecto de Achterhoek, por ejemplo, se produjeron fertilizantes a partir de un concentrado mineral procedente de purines de cerdo codigeridos. Su composición podía modificarse mediante la incorporación de fuentes adicionales de nutrientes, con el objetivo de acercarla a las necesidades de las plantas.
Esto ofrece una ventaja potencial: convertir nutrientes que ya existen en el sistema agrícola en insumos útiles para nuevos cultivos.
Una alternativa especialmente relevante para Países Bajos
El contexto neerlandés hace que esta investigación tenga una importancia particular.
Países Bajos cuenta con una agricultura altamente productiva y una importante actividad ganadera. Esa concentración de producción genera grandes cantidades de nutrientes procedentes del estiércol, mientras que al mismo tiempo existen restricciones destinadas a proteger las aguas contra la contaminación por nitratos.
El país ha tenido que aplicar diferentes medidas para reducir las pérdidas de nitrógeno y mejorar la calidad del agua. La estrategia neerlandesa incluye medidas como zonas de protección, restricciones relacionadas con la aplicación de nutrientes y otras prácticas destinadas a disminuir la lixiviación y la escorrentía.
En este escenario, recuperar los nutrientes presentes en el estiércol podría ofrecer una doble ventaja: gestionar mejor los residuos ganaderos y reducir la necesidad de producir y utilizar fertilizantes minerales convencionales.
No significa que el problema esté resuelto
Los resultados son prometedores, pero no deben interpretarse como una demostración de que los fertilizantes biológicos eliminan automáticamente la contaminación por nitratos.
El propio proyecto de Wageningen tenía entre sus objetivos evaluar el riesgo de lixiviación de nitrógeno, precisamente porque la sustitución de un producto por otro no garantiza por sí sola una reducción de las pérdidas.
Además, los resultados pueden variar dependiendo del cultivo y del tipo de suelo.
Un estudio de 2025 basado en modelización de sistemas agrícolas europeos encontró que los fertilizantes nitrogenados de origen biológico pueden mantener pérdidas de nitrógeno similares a las de los fertilizantes convencionales cuando se sustituyen correctamente y se mantiene equivalente la cantidad total de nitrógeno aportada. Sin embargo, cuando se aumenta la cantidad de nitrógeno debido a una menor eficiencia del producto, las pérdidas pueden incrementarse considerablemente.
Por ello, la eficiencia en el uso del nitrógeno continúa siendo uno de los factores decisivos.
El papel de la tecnología y la economía circular
La investigación neerlandesa también refleja un cambio más amplio en la manera de entender la agricultura.
Durante décadas, la producción agrícola moderna ha dependido en gran medida de fertilizantes minerales fabricados industrialmente. Estos productos permiten aportar nutrientes de forma precisa y han sido fundamentales para incrementar los rendimientos agrícolas.
Sin embargo, su producción y transporte tienen impactos ambientales y, además, el uso ineficiente del nitrógeno puede generar pérdidas hacia el aire y el agua.
Los fertilizantes biológicos ofrecen otra posibilidad: recuperar nutrientes que ya están disponibles, procesarlos y devolverlos al campo.
En ese sentido, la agricultura podría avanzar hacia sistemas en los que los residuos de una actividad se conviertan en recursos para otra.
La investigación de Achterhoek representa precisamente un intento de comprobar si ese modelo puede funcionar sin sacrificar la productividad agrícola.
Un desafío que va más allá de los Países Bajos
Aunque los experimentos se realizaron en condiciones concretas de Países Bajos, el problema de las pérdidas de nitrógeno es internacional.
La agricultura necesita producir suficientes alimentos para una población mundial creciente, pero también debe reducir los impactos asociados al uso excesivo o ineficiente de nutrientes.
La combinación de fertilizantes biológicos, recuperación de nutrientes, aplicación de precisión y mejor planificación de las dosis puede convertirse en una de las herramientas para alcanzar ese equilibrio.
Sin embargo, cada tecnología debe evaluarse según las características del cultivo, el suelo y el clima donde se utilice.
Un paso hacia una agricultura más circular
La experiencia de Achterhoek deja una conclusión relevante: los fertilizantes procedentes de fuentes biológicas pueden tener un papel dentro de una agricultura que busque reducir su dependencia de fertilizantes minerales.
Los ensayos realizados por Wageningen Environmental Research entre 2018 y 2021 demostraron que determinados fertilizantes biológicos basados en nutrientes recuperados de estiércol pueden alcanzar una eficacia agronómica comparable con fertilizantes minerales y que es posible estudiar su utilización bajo criterios de protección ambiental.
El siguiente desafío es conseguir que estas alternativas sean económicamente competitivas, técnicamente confiables y ambientalmente seguras a mayor escala.
Más que una sustitución automática de todos los fertilizantes convencionales, los resultados apuntan hacia un modelo en el que los nutrientes se recuperen, se utilicen de manera más eficiente y permanezcan durante más tiempo dentro del ciclo agrícola.
Para Países Bajos, donde la presión sobre la calidad del agua y la gestión del nitrógeno continúa siendo un asunto central, esa transición podría convertirse en una pieza importante de su estrategia para hacer compatible la productividad agrícola con la protección ambiental.



