Fe y oración

Jaime Goyes Andrade

Una de las fechas más importantes del año para el mundo católico – cristiano es la Semana Santa, la cual inicia oficialmente con el Domingo de Ramos y culmina con el Domingo de Resurrección y posteriormente sigue la semana de Pascua.

Conmemoramos la pasión, muerte y resurrección de uno de los hombres que cambió la historia del mundo hace más de 2.000 años, quién nos enseñó que con humildad y siendo buenos seres humanos, podemos conseguir la paz y la felicidad que tanto anhelamos.

Jesús sin duda, es y será el habitante de este planeta que nunca será olvidado y sus grandes enseñanzas perdurarán hasta el fin del mundo.

No entiendo el por qué hay personas que dudan de su existencia, si en muchos de los libros sagrados de distintas religiones y regiones del mundo antiguo, hablan sobre él, su bondad con la humanidad y sus virtudes para ayudar a los demás.

Es por esto que somos miles de millones de personas en el mundo que creemos en él y sabemos que nunca nos abandona.

De esta manera, la Semana Mayor es un tiempo de regocijo, de oración y de agradecimiento a ese ser que dio su vida por nosotros.

En cuanto a la historia de la Semana Santa indagué que en el Concilio de Nicea I (en el año 325) se estableció que la Pascua de Resurrección había de ser celebrada cumpliendo unas determinadas normas: Que la Pascua se celebrara un domingo. Que no coincidiera nunca con la Pascua judía, que se celebraba independientemente del día de la semana. (De esta manera se evitarían paralelismos o confusiones entre ambas religiones). Que los cristianos no celebraran nunca la Pascua dos veces en el mismo año. Finalmente, Dionisio el Exiguo (en el año 525), determinó que la Pascua de Resurrección es el domingo inmediatamente posterior a la primera Luna llena tras el equinoccio de primavera, y se debe calcular empleando la Luna llena astronómica. Por ello puede ocurrir no antes del 22 de marzo y el 25 de abril como muy tarde.

Aunque esta fecha sea vista como un periodo de vacaciones más, es importante que todos, además de descansar, rindamos un homenaje al hombre más importante del mundo: Jesús.

Yo por mi parte, siempre estaré agradecido con ese ser que dio la vida por nosotros y que aunque hayan pasado miles de años, sigue estando en nuestros corazones y sentimos su presencia. 

Por: Jaime Goyes Andrade