Cuando el sol se oculta tras los cerros y la niebla —la eterna compañera de Bogotá— baja desde Monserrate para cubrir las calles del centro histórico, La Candelaria se transforma. Sus fachadas coloniales, que de día son coloridos escenarios para fotografías, de noche parecen susurrar secretos de otros siglos. No es de extrañar que el barrio más antiguo de la ciudad sea también el más poblado de leyendas. Caminar por sus calles empinadas después de las seis de la tarde es, para muchos, un encuentro directo con lo sobrenatural.
El espectro de la Casaca Verde
Una de las historias más persistentes es la del caballero de la «Casaca Verde». Cuentan los vecinos que, por los alrededores de la Calle de la Fatiga, suele aparecer un hombre vestido a la usanza del siglo XVIII, con una chaqueta de terciopelo verde esmeralda y paso elegante. Lo curioso de este espectro no es su apariencia, sino su comportamiento: se dice que es un fantasma «educado» que saluda a los transeúntes antes de desvanecerse al atravesar un muro de alguna casona antigua. Los expertos en lo paranormal sugieren que podría ser un alma atrapada en un bucle temporal, repitiendo su paseo nocturno hacia un baile que terminó hace trescientos años.
La Loca Margarita y el lamento del pasado
No todas las apariciones son de la época colonial. La memoria de Bogotá también guarda a personajes del siglo XX que se negaron a dejar estas calles. Margarita Villaquirá, conocida como «La Loca Margarita», fue una mujer real que, tras perder a su familia en la guerra civil, se convirtió en un personaje icónico del centro. Vestida siempre de rojo, solía gritar arengas políticas y bendiciones. Hoy, algunos habitantes de la zona aseguran ver una figura femenina vestida de carmesí que corre hacia la Plaza de Bolívar y desaparece justo antes de llegar a la estatua del Libertador, dejando tras de sí un eco de risas y lamentos.
El Duende de la calle del embudo
En el Chorro de Quevedo, lugar donde supuestamente se fundó la ciudad, las historias son más traviesas. Se habla de un duende que habita en los techos de teja de barro de la Calle del Embudo. A diferencia de los fantasmas trágicos, este ser se dedica a gastar bromas a los dueños de los locales de chicha y artesanías: esconde las llaves, apaga las luces o mueve los cuadros. Los locales dicen que para tener un negocio próspero en esta zona, primero hay que «pedirle permiso» al pequeño habitante invisible que vigila desde las sombras de los aleros.
El atractivo del «Turismo de Misterio»
Estas leyendas no son solo cuentos de miedo; son parte del patrimonio inmaterial de Bogotá. En los últimos años, han surgido recorridos nocturnos que llevan a locales y extranjeros por los callejones más oscuros para narrar estas crónicas. Es una forma diferente de aprender historia: a través de las tragedias, los amores prohibidos y las injusticias que, según la creencia popular, dejaron huellas energéticas en las paredes de adobe y los balcones de madera.
Una invitación a la imaginación
Caminar por La Candelaria de noche requiere un poco de valentía y mucha imaginación. Ya sea que creas en lo paranormal o seas un escéptico absoluto, es imposible negar que la atmósfera del centro histórico tiene una carga especial. La próxima vez que sientas una brisa helada que no parece venir del viento, o escuches el eco de unas botas sobre la piedra cuando no hay nadie cerca, recuerda que en Bogotá los vivos y los muertos comparten el mismo código postal.




